domingo, 31 de enero de 2010

Vía crucis intratecal



Abandono por un momento la danza con el insigne Dr. Freud para bailar con su discípulo. Según Jung, la sincronicidad es "la coincidencia significativa de dos o más sucesos en la que está implicada algo más que la probabilidad aleatoria".


Así, la chincheta clavada en el zueco da paso a la aguja clavada en el dedo y más tarde a la tortura de pinchazos en paredes inapropiadas. No parece sólo probabilidad aleatoria. Controlo a duras penas los sangrados sincrónicos mientras marco plazos de espera. Y entonces, pasado el susto inicial y la palidez de su tristeza, me obligo a apelar a la coincidencia significativa. Todo ocurre por algo, aunque uno no sepa comprender por qué. Ya lo dice Mr. Nacho Vegas: la vida es parte buscar placer y parte hallar dolor.

Hoy tomé una decisión importante, aunque duela. Ahora es tiempo de descansar.

sábado, 23 de enero de 2010

Oklahoma Dreams



An old man turned ninety-eight
He won the lottery and died the next day
It's a black fly in your Chardonnay
It's a death row pardon two minutes too late
Isn't it ironic ... don't you think

It's a traffic jam when you're already late
It's a no-smoking sign on your cigarette break
It's like ten thousand spoons when all you need is a knife
It's meeting the man of my dreams
And then meeting his beautiful wife
And isn't it ironic... don't you think
A little too ironic... and yeah I really do think...


It's like rain on your wedding day
It's a free ride when you've already paid
It's the good advice that you just didn't take
Who would've thought ... it figures


Ironic, Alanis Morrissette

jueves, 21 de enero de 2010

Desayunando a las 16h


Hay dos mundos paralelos. El de la realidad cotidiana y el que uno construye para salir de la cama tras cada despertar. Y cuando se entremezclan, la merienda en la cafetería desierta de un hospital pasa a ser un maravilloso desayuno en Tiffany's.
En los "días rojos" (esos en que más que tristeza uno siente miedo a vivir) sale barato hacerse con un café con leche y un cruasán y dedicarse a la contemplación: ya sea ante un escaparate atestado de diamantes o ante una pantalla de ordenador. Imaginando historias que permitan añadirle a la vida la poesía que necesita. Para que todo, en conjunto, rime.
Me gusta esa Holly: delgada, de pelo recogido, insegura. Me gusta esa mujer que se hace llamar de manera diferente según requieran las circunstancias. Que se presta alegremente a ayudar a un mafioso, que se atreve a tocar la guitarra decididamente mal mientras susurra un delicioso Moon River. Siempre ha sido mi favorita; la pavisosa de Marylin despierta mi antipatía natural.
Me invento un gato y un Paul. Tengo a mi Doc particular: el ex-marido que sabe quién soy, que me dejó volar libre, que me sigue queriendo.

domingo, 17 de enero de 2010

Duermevela (III): 127 segundos



El incienso lo inunda todo con su aroma. Más allá de lo que evoca, lanza espirales de ternura en su humear. Se une a él, con la timidez aconsejable, el perfume de la resina prensada, pensada. Un cigarro, dos, tres, cuatro… nunca más cinco. Llegan a mi cabeza los ochos de un jersey blanco que vestí en Bilbao, los ecos de una voz de aprendiz, la adrenalina en la piel aquella noche del accidente, dos cuerpos juntos en el pasillo de un Hospital, la necesidad de seguir aprendiendo antes de hablar. Todos los que fueron sin haber sido. Príncipes azules en el reino de mi acromatopsia. Hombres que se entregarán a otros corazones. Que lograron confundir el mío llegando a dejarlo en ocasiones al borde de la taquicardia ventricular sostenida.


El sudor de su cuerpo estallaba en gotas diminutas que salpicaban el mío al ritmo de la música. Una húmeda sensación que alcanzó su grado máximo cuando se rozaron nuestras caderas. Yo bailé con Lenny Kravitz.


Estoy sentada en la playa, el oleaje batiendo, la brisa salada en mi cara. Primero las sandalias, luego la ropa interior, por último el vestido. Todo cae sobre la arena, todo menos mi cuerpo desnudo que prefiere correr hacia el mar. Son sus dedos los que rozan mi pecho, los mismos que entran en mi boca. Los que fumaron conmigo aquella noche para perderse en la acompasada contracción de mis músculos después. Buceando en mi agua, inundándolo todo.


Dulce placer, alejado del tapiz, de la brillantina y del equilibrio de los aros.

¿Y mi micrófono?



Queda que poco queda
de nuestro amor apenas queda nada
apenas ni palabras
Quedan...
Queda solo el silencio que hace
estallar la noche fría y larga
la noche que no acaba
Solo eso queda...

Frente a frente bajamos la mirada
pues ya no queda nada de que hablar
nada...

&


Así pues,
cuando no tengas nada que hacer
y yo pase por tu cabeza,
nadie podrá oírte así que
piensa en mí como si me quisieras.



El nuevo tiempo de las cerezas, consecuencia del cambio climático. Bunbury & Vegas.

viernes, 15 de enero de 2010

Apretándome los machos


Que Dios reparta suerte.

El toro llega menos violento al tercio de muleta y, conseguido su dominio, se le puede atemperar la embestida con ceñimiento, lentitud y estética armonía. El riesgo no disminuye, porque el diestro ha de ejecutar las suertes con quietud y el toro ha podido desarrollar sentido tras los numerosos pases en que participó durante la lidia.

La forma de citar y el dominio del arte -parar, templar y mandar- no debe degenerar en la ejecución de las suertes fundamentales marginando los cánones. Se debe citar adelantando el engaño, cargando la suerte y ligando los pases. Y finalmente, toda la lidia converge en la ejecución de la suerte suprema: recibiendo, a volapié, a un tiempo, aguantando o arrancando. Al hilo de las tablas o en los medios.

El público entendido agradece el brindis en la boca de riego cuando sabe que en la arena hay un torero "en torero". Dispuesto a no salir de la plaza por su propio pie: o a hombros por la Puerta Grande o en brazos por la Enfermería.

miércoles, 13 de enero de 2010

Bailando entre la nieve


De esto quería hablar hoy en realidad. Aprovecho el insomnio provocado por la nocturnidad de la enfermería para darle gracias a la Virgen de la Caridad. Llegar conduciendo al hospital la noche del domingo fue una heroicidad que no tengo intención de repetir. Cómo estaría la cosa que a punto estuve de besar el suelo del hall, del vestuario y hasta de la UCI. Una experiencia inolvidable por muchas razones. De esas que se cuentan una y otra vez, sin agotarse.
Dicen que año de nieves es año de bienes. Madrecita, lo que me espera.
Voy a intentar dormir.



martes, 12 de enero de 2010

¿Lidocaína al 1%?



Por motivos que escapan a mi comprensión -y a mi intención- la última entrada que publiqué en este blog "Vicryl 15/0" ha levantado ampollas entre unos (los habituales) y otros (los recién llegados). Dado que no dispongo de medios para hacer llegar a todos mepentol y parches de varihesive extrafino, opto por aclarar conceptos.


Es obvio que lo escrito es mi opinión personal. Puede no ser compartida por otros, puede no gustar, pero en este espacio -que aúna lo público y lo privado de forma singular- tiene cabida. Y aunque yo lo modere, existe la opción de disentir y verter opiniones contrarias a la de Mrs. Nancy Botwin, es decir, yo misma. Todas ellas son publicadas sin censuras.


En la parte final del texto hay una alusión concreta a una persona. No deja de ser un mensaje privado aunque no lo etiquetara como tal. El resto es mi propia reflexión sobre una situación reflejada en una película, esto es, ficticia. En ningún momento he trasladado mi reflexión a la vida de nadie: no soy quién para hablar de la valentía o cobardía con que viven otros su vida. En parte porque no estoy en su piel y en parte porque suficiente tengo con lo mío. Por tanto, no he pretendido ofender a nadie al decir lo que creo haría yo llegado el caso, como tampoco juzgar a otros por sus decisiones.


Doy por finalizado el tema. Espero no dejarme nada en el tintero. Tal vez confundieron la lidocaína al 1% con suero fisiológico en farmacia y los puntos han dolido innecesariamente. Y eso que le puse mucho cariño a la sutura...


P.D. privada: la próxima vez que nos veamos trataré de que encontremos tres minutos y algún lugar "poco concurrido" para hablar. Entre seguriles, tal vez. A más de 150 lpm, seguro. Pero creo que valdrá la pena sacarse esta espinita, o lo que sea.

viernes, 8 de enero de 2010

Vicryl 15/0


Uso una aguja fina para dar estos puntos de sutura casi invisibles. Y la anestesia necesaria para que duelan lo menos posible. Aunque sólo ponerla ya escueza un poquito.

La decisión final era previsible. La primera vez que vi la película, cuando me preguntaron que habría hecho yo, no lo dudé. Arrancando las palabras de algún lugar del cuerpo distinto al cerebro, contesté: me hubiera ido con él. Después pasé esa huída por el filtro de la razón: abandonar a tus propios hijos, destrozarle la vida a un buen hombre. Puff. De inmediato volví al instinto: moriría en vida si no me fuera con él. Creo que no podría traicionarme a mí misma para no traicionar a otros. Y sin embargo, entiendo y respeto a quienes deciden quedarse en casa. Siempre pensé que era una cuestión de valentía. Ahora no lo tengo tan claro. Tal vez sólo se trate de cómo sentimos cada uno, qué nos pellizca más el no-cerebro (corazón y entrañas, fifty-fifty). Somos diferentes, sin más. También pensé qué era más generoso, quedarse o irse, y vino a mi cabeza ese "la generosidad bien entendida empieza con uno mismo". Chocando frontalmente con el sacrificio que implica toda renuncia, con la culpa que conlleva el abandono. Complicado.

Desde 1995 he visto más veces la película. Siempre me he preguntado si alguna vez el director pensó cambiar el final del guión. Quince años después lo doy por bueno -la historia de amor es intachable- y sigo respondiendo lo mismo. Saldría corriendo de la furgoneta. Empapada bajo la lluvia, sintiéndome libre. Cada uno es como es. Y yo necesito dar muchas vueltas para terminar diciendo que hubiera sido precioso. Aunque no sea ni vaya a ser nunca. Que quise cerrar el año sin asuntos pendientes pero no tuve tiempo para asimilar la noticia y ser del todo sincera. Que me guardé una espina empezando enero: la de no habernos podido decir todo esto mirándonos a los ojos. Tú, por tu parte. Yo, por la mía.

Se está pasando el efecto de la anestesia...


Los Puentes de Madison, Clint Eastwood.

miércoles, 6 de enero de 2010

"GangBang tonight"




A dormir, a dormir, que vienen los Reyes Magos.
Y aunque no he sido muy buena... voy a ser mejor.

P.D. Boicot al roscón sin sopresa.

martes, 5 de enero de 2010

Small fisherman, I presume?



¿Alguna vez has oído un chiste tantas veces que ya no sabes por qué tiene gracia?
Y un día lo oyes otra vez y de repente es nuevo.
Entonces recuerdas por qué te gustó tanto la primera vez.

Big Fish, Tim Burton


No quiero estar enfadada y creo que lo estoy. Me siento como el tipo aquel que se levantaba por la mañana y no se daba los buenos días. Será el cansancio; saliente de guardia. Casan bien los escritores bohemios con las enfermeras: ambos conviven con relojes rotos. Todo casa; las películas de Mr. Burton, los nuevos programas de televisión y el parte meteorológico del poeta atormentado. El que empieza anunciando tiempo inestable y acaba con no sé qué de una boda. Sirva de disculpa: no quiero acordarme.


Me voy a la cama saboreando el chocolate recién salido de la fábrica: la escena de la bañera (01:33 min) y la frase. "P
ara él había dos mujeres: ella, y el resto".


Hoy, por ser el día que es, me voy a permitir creer en los cuentos.

lunes, 4 de enero de 2010

Ultiva on the rocks



Miro al techo que ha vuelto a gotear.
Hacía tiempo que no llovía así.
Y cada gota golpeando contra los cacharros de metal
me hace pensar unas veces en sangre y otras veces en ti.
Lo que en realidad viene a ser lo mismo,
lo que por crueldad ahora viene a dar igual.
O puede que sea hora de entrar ya en razón
y llegar a comprender que dentro de este horror
no hay literatura, no.
O me concentro en recordar para no pensar en ti
que tendría que llamar, que alguien venga a reparar
la gotera de una puta vez.
Que me cansé de recoger litros de agua gris,
gris como un metal que un día relució y que ahora es suciedad.
¿Cómo se hace para amar lo que quise despreciar ya una y mil veces?
Seré muy breve: te he perdido y esto duele.

Ocho y medio, Nacho Vegas.

sábado, 2 de enero de 2010

La elegancia de la fragilidad


Si quieren las cuchillas deslizarse por el hielo, acariciándolo.
Si quieren los brazos desnudos simular el inicio del vuelo.
Si quiere la mirada enfocar el horizonte etéreo, aceptando lo intangible.
Si puede la voz callar.
Si el triple axel tiene una recepción limpia
y si en el giro final la cabeza se mantiene erguida,
entonces, es para darse por satisfecho.

La valoración de los jueces es lo de menos. No importa la impresión artística; tampoco la técnica. Después de tantas horas de entrenamiento, lo que sí importa es salir a la pista disimulando el esfuerzo, el frío y los nervios. Manteniendo la sonrisa en todo momento.

viernes, 1 de enero de 2010

Pétalos de flor... de Hospital.


Habrá que hacerse a la idea... y tirar por el desagüe el tequila que teníamos reservado para las dudas. Aplicarse en el autocuidado y guardar la compostura.
Quedan besos más fuertes, platónicos. Quedan placeres en línea. Nos queda el presente, que ya es suficiente, y nos queda la suerte que -si se balancea un poco- nos puede tocar. Camelancias que inventar y frambuesas que tiñan de rojo mi boca.
También termómetros que den fe de hipotermias inducidas y vendas que ayuden a cicatrizar las heridas. Reproches atrapados en las telas de arañas amotinadas. Una lágrima azul que eclosionó en libélula y un ritmo de escape ventricular que mantenga la luz en el fondo de mi corazón.
Empiezo el año vestida de purísima y oro, dispuesta a perder los alamares. Eso sí: en caso de percance, que no me lleven al Hospital.
PD. Porque prefiero cantar Rock & Roll donde conviene estar callada, sin nada que ocultar.