La cocinera no olvidó -siquiera por un momento- sus dotes detectivescas. Aquella noche batió ligeramente los huevos, les añadió una pizca de sal "de la casa" y comenzó a recabar información para cuajar a fuego lento sus sospechas.
Le sobraban maneras para darle la vuelta a la tortilla y arañar pistas del fondo de la sartén. Utilizó entonces su máquina secreta, camuflada sobre la encimera con apariencia de Thermomix, para enviar un mensaje críptico.
Sirvió la cena entusiasmada, sabiendo que no habría un cadáver a los postres, y se congratuló al ver en el telediario a su querido H.P. Microinjertos capilares de un Hilario Pino reinventado que retorcerían los bigotes engomados del mismísimo Hercule Poirot.
Caso resuelto, pues, se dijo. Y se fue a la cama pensando en el menú de la próxima semana.
Agatha & Crispies, Mrs. Nancy Botwin










