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miércoles, 1 de septiembre de 2010

Hasta pronto...



domingo, 15 de agosto de 2010

Dudas peregrinas


Últimamente abundan los misterios...

La montañita de plancha crece sin límites: lo que comenzó siendo el Mondúber va camino de convertirse en el Kilimanjaro. Pongo al día mis escasos conocimientos en tectónica de placas, pero en el repaso surgen nuevas dudas. ¿Será por colisión de turnos o por subducción en la pereza?

Se han prestado las vacaciones a jugar al Cluedo. Sin ficción, por extraño que parezca. Después de indagar como buena detective, llegué a una conclusión: fue la Srta. Amapola, con la llave, en la cocina. Lo extraño es que en lugar de robar las joyas -tremenda colección- optara por arramplar con las bragas ajenas. Y la señora de la casa ¡tan relajada! No se explica.

Me pregunto -y no sé responderme-: ¿ofrecerán por mi una docena de camellos o una cabra enclenque?, ¿alguien se cree que Tarzán fue un simple compañero de reparto para Chita?, ¿ cuántos stents caben en una coronaria?

Entre duquesas anda el juego, Mrs. Nancy Botwin

lunes, 9 de agosto de 2010

Pasajera en tránsito



No dispongo de mi archivo fotográfico habitual para ilustrar estas palabras.
Háganse a la idea de que desvirgan mis dedos la teclas de un portátil que me fue prestado.
Aprovecho este silencio no enturbiado (sólo llegan a mis oídos el trino de los pájaros y el crujir de las ramas con el viento) para proyectar mi voz al cielo.

No crean que rezo y pido. Más bien agradezco.

miércoles, 4 de agosto de 2010

El jardín de los tigres



En la isla de Vancouver, cuenta Ruth Benedict, los indios celebraban torneos para medir la grandeza de sus príncipes. Los rivales competían destruyendo sus propios bienes. Arrojaban al fuego sus canoas, su aceite de pescado y sus huevas de salmón; y desde un alto promontorio echaban al mar sus mantas y sus vasijas.

Vencía el que se despojaba de todo.

Eduardo Galeano, El libro de los abrazos


&


En verano, nos refrescábamos en la piscina. Subíamos a casa y nos adecentábamos para sentarnos a la mesa. Cruzábamos miradas cómplices y atentas para no perder un sólo guiño, un sólo beso lanzado al aire. Tu juego ganador, mis 31 de postre. Después conversábamos. En honor a la verdad, alguien hablaba y los demás le interrumpíamos. El señor marqués: su chófer, su musa y una intrusa. Reponíamos fuerzas juntos. Con uvas y queso.

Sólo tengo lo que he dado.

Nancy Botwin, El jardín de los tigres.


domingo, 1 de agosto de 2010

Querencias y reverencias








La dislexia del poeta funde y confunde retórica y erótica.

Un año bailando,
gracias.








sábado, 31 de julio de 2010

Confirmaciones sin reservas



Unplugged.

Encontré un lindo gatito al que di en llamar Micifú: flaquito, descolorido, callejero. Sus ojos verdes escondían a un auténtico guerrero.

Encerré 77 gotas de agua salada en una botella de espuma. Entrelazé abrazos y olvidos; añadí al conjuro el aroma de la pérfida enana marrón; recordé, del latín re-cordis; volví a pasar por el corazón. Mineralizando el dolor hasta fosilizarlo.

Escribí para él una canción, El crimen perfecto. Imaginé que la cantaba para mí, haciéndome un hueco entre su cuerpo y su guitarra.

Nada más llegar, salí a comprar comida para ciervos.

Plugged again.
Besos.

miércoles, 7 de julio de 2010

Madrid-Washington D.C.


Las imágenes vuelven a mí.
Hablan por sí solas, sin el socorro de la metáfora ni el verbo en condicional.
Entre líneas y recuerdos.
Vencen mi timidez, penetrándome.
Desvelan mi secreto, buscándome.

P.D. Besos compañero.

domingo, 4 de julio de 2010

Presentes de subjuntivo



Aquel año el verano llamó a hurtadillas a la puerta y nadie abrió.

Durante dos o tres días, no recuerdo con exactitud, Madrid despertó en Galicia. Entre sus brazos de amaneceres grises, de lluvias intermitentes: con su invitación al sosiego, con su melancolía en mis labios.

Como si de un regalo se tratase, enviado por el mismísimo cielo, me asomé a la ventana abierta buscando el aire frío que aliviase mi congestión. Esa que empezaba en mi nariz y continuaba en mi cerebro para girar después, en un bucle endemoniado, camino de mi corazón. El aroma expelido por la tierra mojada siempre me reconfortó. El acto sencillo y ensimismado de ver caer el agua, de oírla acariciando el suelo, me predisponía a una reflexión natural, honda y templada, sin pretensiones anticipadas. Encajándome en la vida, recipiente de formas complejas y aristas imposibles, sin dificultad.

Una de esas mañanas desperté muy temprano, algo también inusual, presa de un ataque de tos exasperante. En otras condiciones me hubiera enfadado con el mundo por no permitirme el descanso, pero las circunstancias que acompañaban a mi yo gozaron con el sabor del café recién hecho, con el humo del cigarro liado con solvencia, con el paisaje lejano traído a casa sin argucia.

Supe de inmediato que en todo aquello estaba él. Mi ansia de explicarle, su necesidad de no querer saber. El olvido y el recuerdo equilibrados, con justa equidad, en nuestras balanzas. Lo que para él fue un error; lo que para mí fue un acierto. Todo esto pensaba yo mientras llovía. Y me declaré en huelga de motivos. Porque me sobraban para buscar de nuevo esos ojos que chocaron en los míos provocando una ola gigantesca; porque me faltaban para pedirle que se arriesgara conmigo al naufragio.

Guardo dentro su regalo.

viernes, 2 de julio de 2010

Aplacando la resaca




Composición:

3% tormenta arrítmica, 5% verde esperanza, 2% hotel dulce hotel, 7% retranca gallega, 4% esencia castiza, 1% Barceló-limón, 6% con -mini-falda y a lo loco, 3% Kevin Kline parlando italiano, 4% vamos a la playa, 8% agujetas de reirse, 5% insomnios compartidos, 3% 521 kilómetros dirección noroeste, 4% besos cerquita del mar, 2% pasodoble agarradito, 6% Un funeral de muerte-El jardín de la alegría, 5% despedida en la estación, 8% contra la pared, 1% feliz 35 cumpleaños, 3% Chesterfield & Golden Virginia, 5% amanece que no es poco, 6% confesiones no forzadas, 9% prohibido enamorarse .

martes, 29 de junio de 2010

Insomnios vespertinos



Que venga alguien


a preguntarme por qué no constanteé a las cinco de la mañana
-si tiene cojones-,
a cuidar este cuerpo aturdido por el trasiego de turnos y cansancios,
a darme vacaciones en el máster de autodefensa.


Que venga alguien a abrazarme.

martes, 22 de junio de 2010

Psicoterapia diabólica



El hambre desayuna miedo.
El miedo al silencio aturde las calles.
El miedo amenaza:
Si piensa, tendrá angustia.
Si duda, tendrá locura.
Si siente, tendrá soledad...

Eduardo Galeano, Ventana sobre el miedo



Se escapa el miedo líquido por donde puede.
Se bebe la vida en anécdotas de bouquet delicioso.
Se entremezclan aire y humo: dos cigarros, un incendio.
Se entrega la pasión a cuidados intensivos.

Mrs. Nancy Botwin, Ventana abierta al CsK (H.B.C.)

viernes, 18 de junio de 2010

Digoxina vs. Paracetamol


jueves, 17 de junio de 2010

Polvo a feira



Llegó a su fin la maldición del escorpión de jade.
Dejó de joderme.

Abrióse la caja, despertando el alma dormida.
Por sorpresa.
Micuit & Cigarrettes.
Delicatessen pa' mi corazón.

Me encontró un GPS.
[[36° 45′ 38.35″ N, 4° 25′ 34.88″ W ]]
Me perdió la ciencia.
Me exorcizó la risa.



domingo, 6 de junio de 2010

Trastocando mareas



Se desdobla un matiz que desconoce la premura. Al desentumecerse del repliegue acostumbrado, trae luz de calidez y sosiego. Retorna el sentido perdido y acallado. Se desvanecen las preguntas con su necesidad inherente de respuestas. Las circunstancias irrepetibles, las coincidencias imposibles, las causalidades inabarcables para la razón y el corazón, se van. Para dejar en su lugar, con placidez, la serenidad del alma. Incólume e inmensa.


Una cadencia olvidada mece las olas en pleamar, avivándolas.
Escribir es mi manera de abrazar.

viernes, 4 de junio de 2010

Sincronizando los relojes...



Los cirujanos de las decepciones cercenan por lo sano la alegría.
Se empeñan las flechas en no dar nunca en el centro de la diana.
Juegan al escondite las ilusiones.

Como crisálidas que nunca eclosionarán.
Como remolinos huecos.
Como líneas rectificadas contra natura.

Sincronizando los relojes a destiempo.

sábado, 29 de mayo de 2010

¿Constantinopla?, ¿Madagascar?



El T.E.G. es así. Está el mundo dividido en países. Los países están en manos de ejércitos. Hay ejércitos de distintos colores... Las reglas dicen que gana el que domina treinta países. Pero eso es cuando juegan cuatro o cinco. Yo sólo juego con él y jugamos a morir. Siempre muero yo.

Cada vez que jugué, él estaba conmigo. Cuando las cosas se pusieron feas aguantamos en Kamchatka. Porque Kamchatka era donde había que estar. Porque Kamchatka era el lugar desde el que resistir.

P.D. Hay cosas que resultan difíciles de comprender en la medida en que son difíciles de explicar.

sábado, 22 de mayo de 2010

Robert, te necesito


Abrióse paso la primavera con su abierta hostilidad; camuflada en el zumbido débil de mosquitos feroces, en el chorreo errante de bombones derretidos. Entre rozaduras de sandalias recién horneadas y rebequitas al amparo de unos hombros desnudos. Aunando los soles mañaneros, presagio de incipientes calores asfixiantes y vientecillos suaves, de los que renuevan los aires al caer la tarde.

Pese a ello, no hubo sinrazón en los últimos envites. Se fueron los que sobraban -tal vez con exceso de sangre fría- dejando su correspondiente diezmo en forma de vergüenza ajena. Con la propia a buen recaudo se dibujan nuevas líneas que tratan de encontrar la forma. Sin agobios, sin premuras. Con alegría inusitada.

Y entonces, con el florecer de camelias y camelancias, la dama se deja acariciar.
Por el agua, por la luz, por las manos de un delicioso caballero.
En un gesto exquisito de cuidar que encandila a esta enfermera.

viernes, 7 de mayo de 2010

Deshaciendo nudos (1ª entrega)



Es hora de hablar de la quimera de otra vida.
Que no interrumpa lo cotidiano mis pensamientos,
que no me dejen sin mi sustento en vano.

Se precipita mi debilidad hacia la noche lenta del amor.
Y es hora de hablar de los límites de mi cuerpo
y el regateo de mi ficción, pura ficción.

La elocuencia me hizo creer en mis propias palabras.
Buenos deseos, titiriteros, hacia un lugar sin nombre.

Y empiece como empiece todo acaba
siendo menos de lo que yo esperaba.

Es hora de hablar...
del trapecio que ante la nada oscila,
de alterar el destino.

&

Es hora de hablar...
del presagio que ante el todo se enmaraña,
de la raíz que sostiene mi corazón.



P.D. Prologando mi intención, Mr. Enrique Bunbury.

martes, 4 de mayo de 2010

¿Vientos divinos?



Las palabras fueron avispas y las calles como dunas
cuando aún te espero llegar...
En un ataúd guardo tu tacto
y una corona con tu pelo enmarañado,
queriendo encontrar un arco iris infinito.

No sé distinguir entre besos y raíces.
No sé distinguir lo complicado de lo simple.
Y ahora estás en mi lista de promesas a olvidar.
Todo arde si le aplicas la chispa adecuada.


E. Bunbury



Cambio sólo el nombre que abre mi particular 'Lista de promesas a olvidar'. Porque las avispas muerden y pican, como algunas palabras. Porque el espacio se afana en marcar las distancias. Porque los recuerdos de voces, de pelos enmarañados, son imprecisos. Borrosos. Porque creí que sería. Porque aún no se fue.

Dibujo un círculo con tinta roja alrededor de ese nombre. ¿Obsesivamente? Tal vez.

Se dispara la alarma: los malditos sensores anti-incendios apagan siempre la chispa. Pero nos regalan una duchita fría... justo a tiempo para que no arda todo.


lunes, 3 de mayo de 2010

Márai que estás en los cielos...



No escribo ni leo, pero a veces sueño que sí lo hago, y las líneas se van sucediendo como los subtítulos de una película. Las frases tienen sentido, la selección de palabras es correcta; la redacción, ingeniosa. No soy yo quien escribe, sino que más bien se trata de un proceso que ocurre en mí. El camino que conduce de la vida a la muerte es oscuro, voy trastabillando de la nada a la nada, y en ocasiones sucede que, en el trayecto, una palabra o un concepto resplandece como las luciérnagas en un bosque oscuro.

Sándor Márai
Diarios 1984-1989.

P.D. Del propio Márai: hoy he añorado mucho la nobleza y la elegancia del cuerpo de L. Su sonrisa. Su voz.

P.D. De la propia Nancy Botwin: no me canso de leerle, de admirar su valentía para pegarse un tiro a los 89 años. De saborear su sangre derramada en cada letra y sentirla compatible al cien por ciento con la mía. Anhelo su transfusión.