
cargada de pasado imperfecto.
P.D. Caramelitos para el corazón: breves, concisos y explícitos. Recién descubiertos.
Mi corazón de viaje. Atención tripulación de cabina; cerramos puertas, armamos rampas. Crosscheck.



Óyeme como quien oye llover...
Los ojos se cierran, las palabras se abren.
Octavio Paz.
P.D. Bienvenida sea la calma.



Vamos encajando este pica-pica sin polvos, no hay otra opción. Con lorazepam (dejemos lo del sexo anal para otro momento).
Buscando el refugio en la sonrisa, optimistas.
Ante las muestras de cariño recibidas, muchas y sinceras, sólo puedo dar las gracias. De corazón.



Abandono por un momento la danza con el insigne Dr. Freud para bailar con su discípulo. Según Jung, la sincronicidad es "la coincidencia significativa de dos o más sucesos en la que está implicada algo más que la probabilidad aleatoria".
Así, la chincheta clavada en el zueco da paso a la aguja clavada en el dedo y más tarde a la tortura de pinchazos en paredes inapropiadas. No parece sólo probabilidad aleatoria. Controlo a duras penas los sangrados sincrónicos mientras marco plazos de espera. Y entonces, pasado el susto inicial y la palidez de su tristeza, me obligo a apelar a la coincidencia significativa. Todo ocurre por algo, aunque uno no sepa comprender por qué. Ya lo dice Mr. Nacho Vegas: la vida es parte buscar placer y parte hallar dolor.
Hoy tomé una decisión importante, aunque duela. Ahora es tiempo de descansar.