Diciembre vino silenciosamente,
estirando las noches hasta casi juntarlas...
Ángel González
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[Esto mío, creo recordar, no era tan difícil: elegir una foto, adornarla con un verso ajeno imprescindible y pasar a derramarse con lo propio.]
Sin rodeos:
Un amigo en la UCI, dejándose cuidar por servidora.
Una amiga grave, pasándolo al tran tran en su propio domicilio.
Un no rotundo. Un sí esquivo.
Un dedicarle tiempo a todo, incluyendo lo menos importante, por pura supervivencia.
El resumen de un mes y dos semanas en cuatro líneas; la factura que se cobran cuatrocientas horas de déficit de sueño acumulado. La sensibilidad a flor de piel. La imperiosa necesidad de seguir bailando. La suplica al cielo -desatendida- de una tregua.
Ha sido -y está siendo- duro, pero empiezan a verse brotes verdes que nada saben de índices económicos. Porque el 2014, intuyo, viene como entran los toreros en el coso; temblando de miedo pero decidido a ser valiente. Quiero creerlo.
Y quiero aprovechar para saludar, faltaría más. Que son fechas de noches juntándose con noches y a una le faltan horas pero le sobran ganas:
- Besos Guillermo. Que pensarte y sonreir es todo uno.
- Besos Julia. Con Champin, con agua, con amor.
- Besos Ana. Sin jamón, con reposo. Con toda mi ilusión.
- Besos Raquel. En bajito, pero siempre.
- Besos Manolo. Con gatos y bodas, con abrazo apretaíto.
- Besos sin peluca, José.
- Besos Luis. En sinusal, por derecho.
- Besos a mi médico y testigo.
- Besos a los que me faltan.
- Besos a mis padres.
Y a tí, Juanjo, que sostienes cada uno de mis besos en tu beso, un sí quiero.