Mostrando entradas con la etiqueta Olas en alta mar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Olas en alta mar. Mostrar todas las entradas

domingo, 23 de marzo de 2014

A endometrio y corazón abiertos



Ojalá quiera quedarse a vivir
 la primavera
debajo de mi falda.


&


Ruego sepan disculpar esta larga ausencia; la vida quería de mí Rock & Roll y yo siempre intento darle gusto. 
Cuídense todos, queridos. 

jueves, 14 de noviembre de 2013

Las cinco y sin comer




Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres
                                                       (según las últimas estadísticas).

Y paso largas horas preguntándole a Dios,
preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad
                                                                                             de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.


Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
las tristes azucenas letales de tus noches?


Insomnio,
 Dámaso Alonso





Desconcierta tanto pensar que la proa no es nada sin la popa, que babor y estribor nunca se fundirán en un abrazo...
Cuando a mitad de travesía el mar ruge bravío, sólo cabe pensar en "más madera".  En lo altas que están las olas, madre; en lo lejísimos que se avista tierra firme (para qué plantearse que eso del fondo sea en realidad mero espejismo); en cuánto durará lo que queda de combustible y en posibles vías de evacuación si llegara a producirse una tragedia. "Más madera", repito, y me birla el aire con maestría una sonrisa.


Que siempre parece repetirse la misma secuencia cuando se cierne sobre mí una tormenta; a lo urgente, por fuerza, le gana la partida lo incandescente. Y servidora quisiera ponerse cuanto antes con el acopio de imprescindibles (1.bote salvavidas, 2.alambre macgyverizable en arpón, 3. dos blister o cuatrocientos gramos de "Pastillas para no soñar: avería y redención", 4.guantes para tanta astilla y 5.rezo desesperado tipo "Jesusito de mi vida"),  pero sabe por experiencia que antes hay que dejarse llorar y saberse frágil. 
  
Que para gritar a pleno pulmón "a toda máquina" hay que haberse recompuesto y coger aire.



viernes, 31 de mayo de 2013

Astronauta sin luna

 



[Extracto de la autobiografía de Popeye]


Me tocó ser marinero por circunstancias, pero siempre quise ser astronauta. Cuando al fin me decidí a cambiar de vida, allá por el 33, le eché arrestos para fundar la NASA y cumplir así mi sueño. Tenía resuelto el tema del papeleo cuando recibí un paquete postal que dio al traste con todo. Yo, que ya me veía cambiando la andrajosa gorrilla blanca por una escafandra reluciente, surcando el espacio sideral a millones de años luz de Brutus y enviándole cartas de amor platónico a Olivia, tuve que hacerme cargo del pequeño Cocoliso. Por si fuera poco, tiempo después Eisenhower me robó la idea de la NASA sin un triste agradecimiento. 
 
 
Han pasado muchos años y sigo preguntándome cada día quién me envió a Cocoliso y por qué precisamente a mí. También otras cuestiones de índole menor me roban el sueño de cuando en cuando; cómo es posible que las autoridades permitieran el envío de un bebé en una caja -por mucho que el franqueo estuviera pagado y que el cartón luciera plagado de agujeros para evitar la asfixia-, si este modo de embalaje y entrega provocó algún tipo de déficit psicomotor que explique que a estas alturas Cocoliso sólo sepa gatear y a qué obedece su alopecia si le alimento divinamente. Minucias, cierto es, en comparación con los interrogantes principales. Porque lo que de verdad me descoloca, más que la peor tormenta vivida en alta mar, es cómo alguien pudo elegirme de entre todos los mortales para que yo, concretamente yo, me responsabilizara de su cuidado.

 
Porque la verdad, no voy a mentir en esta autobiografía, es que hasta entonces mi vida se podría calificar -siendo benevolente- de pelín disoluta. Basta decir que no nací tuerto y que las madrugadas en los tugurios de los muelles se prestan al cuerpo a cuerpo, ya sea con final feliz o sangriento. Bajo el manto reverencial que tejí en torno a las espinacas y a su excelso poder vigorizante, quise esconder una adicción inconfesable a la marihuana motivada por sus propiedades analgésicas. De ahí que además de enlatarla y echármela al gaznate, la fumara en mi pipa sin levantar sospechas. Aún no puedo creer que esta cuestión pasara inadvertida a pesar de su repercusión mundial: no hacía falta ser muy listo para caer en la cuenta de que "espinacas" y "yerbas enervantes" no forman parte de la misma categoría. Lo del asunto del hierro, por demás, vino a quitarle hierro al "otro" asunto.


Ahora, afortunadamente, veo las cosas distintas. Sigo una dieta variada - exenta de espinacas y acelgas por su alto contenido en nitratos- y he dejado de fumar. He aprendido a convivir con Olivia y su coquetería (todo sea porque Cocoliso no sufra la carencia de la figura materna), he cumplido mi acuerdo tácito con Brutus de no agresión y trato de ser un buen padre. Parece suficiente. Sé que muchos esperaban más de mí, pero así es la vida fuera de las tiras de cómic, las películas y los dibujos animados. Mucho menos espectacular de lo que nos quieren hacer creer pero razonablemente satisfactoria. Porque este astronauta que se quedó sin luna encontró en tierra un lugar donde echar el ancla y tender la ropa: y eso, viniendo de un hombre de mar, parecía también imposible.
 

sábado, 25 de mayo de 2013

Intensidad de un vivir

 



 

Cuatro fotografías en blanco y negro. Cuatro fotos seleccionadas de casi una treintena tomadas en 2008 por Julie Weisz y publicadas en el libro La vida en Terapia Intensiva (Buenos Aires). Un mundo de intangibles recompuesto en imágenes. Un reportaje único mostrando lo que nunca se ve. 

Descubro el trabajo de Weisz y me siento comprendida y en casa. Tal vez porque mis ojos aún tratan de acostumbrarse a tanto claroscuro, porque me sigue costando encontrarme cómoda en mi lugar, en esa barrera de coral que ha de resistir los embates del mar con la entereza de saber que para eso está ahí.  Porque entre esas cuatro paredes, ya lo dije antes, no caben artificios: el aire es tan sólido que se mastican la esperanza y el sufrimiento. 

Son cuatro escenas cotidianas de Cuidados Intensivos: un paciente conectado a ventilación mecánica a través de una traqueotomía, dos rosarios y tres estampitas en el cabecero de una cama ocupada, un pase de visita médico visto desde la posición de la enfermera responsable (desde la del paciente -de frente- infunde más temor) y un montón de alargaderas, sueros y presurizadores al detalle. Son cuatro posibilidades inciertas. Son cuatro maneras casi invisibles de esbozar lo intensa que puede llegar a ser la vida.


Aquí las dejo para recordármelo cuando me fallen las fuerzas. 
Y, de paso, para reconciliarme con el mar y su incansable bravura.


jueves, 21 de marzo de 2013

El crac del 19




Yo ya no lloro.
Ni siquiera cuando recuerdo
lo que aún me queda por llorar.
 

José Hierro







El crac del 19, el que nunca saldrá en los libros y nada sabe de mercados de valores, dejó en su agonía un poema inconcluso y una vida tiritando de ilusiones a merced del viento. Provocó la crecida del Yangtzé que, desbordándose en dolor y desencanto, tiñó el verde sempiterno en rojo imposible y dejó en la atmósfera un aroma pesado, cargante y cuasi irrespirable similar al que produce la sangre derramada por doquier en las matanzas.


El crac del 19 nos pilló por sorpresa. Se esperaba unos días antes; cuando los expertos hablaban de él como factible, cuando los mortales nos consagrábamos a toda suerte de ensalmos, amuletos y conjuros para espantarlo y hacerlo quedar en advertencia. Llegó tarde y mal, truncando sueños y arrasando con todo lo que en un intento por frenarlo se puso por delante.


El crac del 19 nos dejó en almarrota. 
El cielo, apelado su fallo en primera instancia, ofrece versos de consolación. 



 Cómo evitar 
sentir, 
pensar. 
Morir de sed
y

sábado, 2 de febrero de 2013

Inspiración reglada




Cruzan ondas de un lado al otro de tus sentidos:
lograste sintonizar un dial secreto del mundo.


Frecuencias de onda corta,
J. Jiménez Domínguez



&



"Pase a la cabina 53. ¿Trae el consentimiento? Perfecto. Quítese toda la ropa. Puede dejarse los calcetines. Después póngase las calzas y esta bata y abróchesela por delante. Cierre el pestillo antes de desnudarse. Cuando esté lista, pase y túmbese en la camilla. 

Tranquila, es un procedimiento doloroso pero si colaboras será breve. Hay mujeres que gritan mucho. Algunas se marean y llegan a desmayarse, pero depende de cada una. Intenta estar relajada y terminaremos pronto. ¿Tienes frío? Es raro que sonrías, aquí nadie lo hace, pero nos gusta.

Vamos a ello. No pongas las manos cruzadas en el vientre. Primera foto. Esto molesta un poco, intenta "estar flojita". Muy bien. Ahora puedes notar un pinchazo. ¿Nada? Mejor. Va a empezar a entrar el contraste. Notarás un poco de presión y después dolor abdominal intenso, como una regla muy fuerte. Tienes que aguantarlo. Foto. Foto. Oh. Foto. 

Hemos acabado. Lo has hecho muy bien. Qué maravilla. Hay que verlo con detenimiento pero parece que todo está bien. Sangrarás un poco. Es normal. Si esta tarde tuvieras fiebre o dolor que no cede con analgesia convencional, ven a Urgencias.

Entendido. Muchas gracias a todas."



Para entrar en la cabina 53 con cierto aplomo, hay que estar en ayunas y llevar en el cuerpo las dosis correspondientes de valium, antibiótico, antiinflamatorio y protector gástrico. Una depilación correcta por el qué dirán y unos calcetines calentitos, preferentemente los de la suerte. Pero además, y ésto es lo más importante, hay que llevar el corazón decidido y unas ganas inmensas de que el viento sople de una vez fuerte y a favor, por justicia poética. Porque la puerta de la cabina 53 esconde una encrucijada. Y, como dijo Miguel Hernández, una gota de pura valentía vale más que un océano cobarde. Será por ello que este gota a gota sabe más que ningún otro a esperanza. 



viernes, 5 de octubre de 2012

Leonard camelándome







Everybody knows it’s coming apart
Take one last look at this Sacred Heart
before it blows.

***

[Todo el mundo sabe que se está deshaciendo,
echen un último vistazo a este Sagrado Corazón…
antes de que estalle.]



Leonard Cohen en Madrid.
Un sueño cumplido.
Gracias.





viernes, 30 de marzo de 2012

Bambitas de mis amores



Me gustan los pitisúes y las milhojas de crema,
los cuernos y las canastillas, y las palmeras de yema.

Esos palitos de nata, me como diez y no me harto.
Y esas merengas que tienen azuquita por lo alto.


Como una bola sé que me estoy poniendo.
Como una bola, lo estoy reconociendo.
Yo sé que eso no es bueno, pero a veces tiene ventajas.

Porque en la playa, cuando hay aguaje,
a las canijas se las lleva el oleaje.
Y yo allí sola, conmigo no...
no pueden las olas.


2012 ¡Viva La Pepi!
[La Chirigota del Selu]


&


Qué arte hay que tener para improvisar una letrilla como ésta y cantarla con la trascendencia que requiere. Les ruego prueben a tatarearla en la intimidad: seguro que conocen la melodía. Con un obrador en crisis, la crema de la hilaridad sin aditivos ha de rellenar  el vacío impuesto por las masas industriales. De la intelectualidad mejor no hablamos.

Porque para comer la bamba se necesita un poquito de gracia y otra cosita. Una lengua sin remilgos y una predisposición a que el azúcar glass resbale por el escote. Y si a pesar de ello una sigue siendo canija será porque no se puede tener todo en esta vida. O porque, en el fondo de los mares, el oleaje sabe que su misión es raptar a las sirenas de la orilla.



jueves, 29 de marzo de 2012

Preludio de leche




La pregunta no es la adecuada.
Tanto rollo con "el huevo y la gallina"
-si primero lo uno o antes lo otro-
 sólo para confundirnos.

"La leche o la teta".
That is the question.


  Se abre un mundo de dudas al respecto
y, en paralelo,
 un sin fin de placeres evocados.


&



Me cautivó esta semana el cortejo de los colibrís cola de espátula (Loddigesia mirabilis). Prolegómenos cum laude, quedándome corta. Qué desfase de sincronías y asincronías sincronizadas. Qué forma de menear la colita como si fuese lo más natural del mundo. Qué despilfarro de medios...


Me encendió hasta las primeras ascuas enterarme de que los macarons, esas pastas multicolor que cuestan un  pastizal y van envueltas en  paquetitos perfectos, son en realidad suspiros de modistilla. Un antiguo dulce  madrileño típico de la verbena de San Antonio. Y busqué, saliéndome por la tangente, los datos elementales de esa vieja tradición de pilas y alfileres. De solteras disponibles y pretendientes incrustados en la palma de la mano. Hoy, con eso, te hacen un programita de televisión de lunes noche.


Me incendió, bien lo sé, lo inconfesable.




jueves, 28 de julio de 2011

Desatando la cordura



Por las mismas razones que pasó a la historia el caballo del General Esparteros.
Por la prosodia aplicada a la tauromaquia.
Por la poesía echándonos un capote, rimando hasta en los andares.

Porque volvió mi torero desatando...
la cordura,
el silencio reverente del murmullo,
las tintas de los trileros. 


Dicen otros que le quedaba grande la taleguilla, que peina ya alguna cana, que mantiene idéntico mirar que el que gastaba. Que se le heló la sangre en Aguascalientes y que luce, desde entonces, piel azteca. Dicen más de lo que entienden, creo yo, la mayoría. Dicen, bendiciendo lo mismo que maldicen.

Dice la que suscribe que emociona, acojona y conmociona.  Que no se olvida. Que nunca decepciona.



martes, 1 de marzo de 2011

Bouquet de 34 primaveras




Descumplo en insolencia
los que cumplo en gratitud.

Besos ahumados
(a las finas hierbas)