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domingo, 28 de enero de 2018

Yo soy yo y mis camelancias





Lejos un trino.
El ruiseñor no sabe 
que te consuela.

J.L. Borges


&


   He empezado a escribir un libro para mis hijos. Mi vida, mi biografía. Quiero que sepan quién soy, de dónde vienen -al menos al 50%-.
* Por si me muero o enfermo de gravedad antes de que puedan acumular suficientes recuerdos de ellos junto a mí (nunca se sabe).
* Por si acaso en algún momento de sus vidas se sienten solos o perdidos y no estoy a su lado (ojalá tenga el privilegio de acompañarles en su crecer).
* Por si, llegado el caso, siento vergüenza o reparo para hablarles de algunos temas (espero que no, pero todo puede ocurrir).


  Llevo escritas seis páginas y he llorado por un semestre. He dudado sobre si escribir en presente o en pasado; dado el cariz del libro lo leerán, calculo, en 2032-2034. He hecho un ejercicio por momentos doloroso para no ahorrarme detalles; hay pormenores que en realidad son pormayores  silenciados y casi olvidados con el paso de los años. Una no se siente cómoda contando según que cosas. He intentado organizar mi vida según un guión que trascienda la anécdota o la mera colección de datos. 


  Aseguro que no es fácil, máxime imaginando lo crítico que resultará el reducido público al que va dirigido. No es sólo que sepan dónde estudié o cómo conocí a su padre; es también que conozcan qué me emociona y qué me pone de los nervios. Lo difícil que fue tenerles. Lo que pienso de las drogas, del sexo y del rock and roll. Cómo creo en Dios. Por qué escribo. Qué y quiénes me han decepcionado. Qué sueño. Qué me aterra. Por qué estaría dispuesta a dar mi vida.


  Y todo esto, que ya me rondaba la cabeza desde que vi la película Mi vida sin mí de Isabel Coixet, ha terminado de romper gracias a Hombre Revenido. Su hilo sobre Kenzaburō Ōe  - aplaudido en todo mar conocido del uno al otro confín- fue el impulso que necesitaba para lanzarme. Amor que goza; amor que duele; amor que ama. Amor.


  Ese es el detalle, querido, que no puedo explicarle en otro sitio. Porque en esta apartada orilla, más pura la luna brilla y se agradece mejor. Y porque usted, estrella mediática con los pies en la rama, sabe que esta inspiración que me ha regalado es impagable. 
   


jueves, 28 de septiembre de 2017

Más allá del glamour



En mi familia nunca se ha suicidado nadie,
 no era una alternativa para los de clase media. 

Mi madre estaba demasiado ocupada en la cocina
 matando el sabor del pollo
como para pensar en pegarse un tiro.


Woody Allen, Recuerdos


&

  
     Un trienio largo excedente de mí misma y de mi mismidad. ¿La razón? Dos vidas a mi cargo que con la propia suman tres. El milagro que tanto pedí, rogué y supliqué y que finalmente acabó por materializarse  el 14 de noviembre de 2014. A las 07 horas nació mi hija. A las 07:01 horas nació mi hijo. 


     Desde entonces soy madre, doble madre que diría mi abuela. A veces soy una mamá fantástica y otras la peor mamá del mundo. He descubierto tantas cosas de mi misma en este tiempo que me da vértigo pensarme. Y he conocido niveles de felicidad y de agotamiento físico y mental que jamás pensé que pudieran existir. En cifras, hablamos de una producción láctea de unos 4000 litros, un déficit de sueño equivalente a 6-8 meses sin pegar ojo y una paciencia de crecimiento exponencial que deja el desarollo de las bacterias a la altura del betún.


      En resumen, que estoy encantada con ellos pero necesitada de silencio, de comedor escolar y de tiempo para mí. Para escribirme, para ordenarme. Porque después de limpiar de rodillas los zapatos me apetece salir de nuevo al escenario. Así, despacito; como si Leonard estuviera allí para tomar mi mano y acompañarme.




 

sábado, 28 de diciembre de 2013

¿Mrs. Nancy Bowtin?





Diciembre vino silenciosamente, 
estirando las noches hasta casi juntarlas...


Ángel González



&

[Esto mío, creo recordar, no era tan difícil: elegir una foto, adornarla con un verso ajeno imprescindible y pasar a derramarse con lo propio.]

Sin rodeos: 
Un amigo en la UCI, dejándose cuidar por servidora. 
Una amiga grave, pasándolo al tran tran en su propio domicilio.
Un no rotundo. Un sí esquivo. 
Un dedicarle tiempo a todo, incluyendo lo menos importante, por pura supervivencia. 


El resumen de un mes y dos semanas en cuatro líneas; la factura que se cobran cuatrocientas horas de déficit de sueño acumulado. La sensibilidad a flor de piel. La imperiosa necesidad de seguir bailando. La suplica al cielo -desatendida- de una tregua. 
Ha sido -y está siendo- duro, pero empiezan a verse brotes verdes que nada saben de índices económicos. Porque el 2014, intuyo, viene como entran los toreros en el coso; temblando de miedo pero decidido a ser valiente. Quiero creerlo. 


Y quiero aprovechar para saludar, faltaría más. Que son fechas de noches juntándose con noches y a una le faltan horas pero le sobran ganas: 
- Besos Guillermo. Que pensarte y sonreir es todo uno. 
- Besos Julia. Con Champin, con agua, con amor. 
- Besos Ana. Sin jamón, con reposo. Con toda mi ilusión. 
- Besos Raquel. En bajito, pero siempre. 
- Besos Manolo. Con gatos y bodas, con abrazo apretaíto.
- Besos sin peluca, José. 
- Besos Luis. En sinusal, por derecho. 
- Besos a mi médico y testigo.
- Besos a los que me faltan. 
- Besos a mis padres.

 Y a tí, Juanjo, que sostienes cada uno de mis besos en tu beso, un sí quiero. 



jueves, 8 de agosto de 2013

Terrícola de agua dulce




I will arise and go now, for always night and day
I hear lake water lapping with low sounds by the shore;
While I stand on the roadway, or on the pavements grey,
I hear it in the deep heart's core.


[Me levantaré y partiré ahora; pues siempre, día y noche,
escucho, junto a la orilla, el suave chapotear del agua del lago;
y mientras permanezco sobre la calzada, o sobre la gris acera,
lo escucho en lo más profundo de mi corazón.]



The Lake Isle of Innisfree 
[La isla del lago Innisfree]

W. B. Yeats


& 


Una terrícola de agua dulce acostumbra a sobrevivir sin demasiados aspavientos después de una gastritis de toma pan y moja poco. Cumple dos días de estricta dieta blanda para recuperar el brillo de sus escamas y se lanza de nuevo al banco frente al lago para contemplar las puestas de sol -o en su defecto los amaneceres- enfundada en un neopreno que promete la llegada de un querer a aletas llenas.


Un acuícola de tierra salada se entretiene pedaleando en su bicicleta hidrodinámica con la cadencia de un cardumen de ángeles emperadores y se acerca hasta la orilla para reabastecer con antitérmicos su botiquín de amores  impermeables. Deletrea esfuerzos entre cimas y valles de montañas sumergidas y sueña cada noche con perder las branquias al descuido para atemperar su mañana en tierra firme.


Ambos escuchan, en lo más profundo de su corazón, el suave chapotear del otro en la distancia. 


 

miércoles, 17 de julio de 2013

Abracadapalabra




 Te daré semillas de flores raras
para enriquecer tus gatos literarios...

Tristan Tzara




&



Instrucciones 

(Válidas para cualesquiera de mis escrituras)


- Se recomienda recolectar cada palabra con cariño, precediendo al  gesto de lectura la intención de inocua locura: pronunciar un sutil "abracadabra".
- Se recomienda transportarlas -de preferencia- en un cesto de cáñamo trenzado, almohadillado en el fondo y a ser posible sin lazos.
- Se recomienda asimismo, para saborear toda su esencia, dejarse engatusar con su ataque caliente en boca y retrogusto desnudo en aorta. Se percibirán notas agridulces, faltas de cardiografía y, como mal menor, aromas de verdequetequieroverde, madera sin tratar y altamar enraizada.
- No se recomienda masticar cada texto más de lo imprescindible con el fin de evitar que el suspiro último sobrevenga en sentir inapropiado. 



Es momento de descanso, al fin.
Deseo que hagan buen uso y abuso de la vida.
Y que disfrutemos, ustedes y yo, de este merecido tiempo de frambuesas.

 

jueves, 11 de julio de 2013

Media docena de nudos




...Y recordé aquel viejo chiste, aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice: "Doctor, mi hermano está loco, cree que es una gallina". Y el doctor responde: "Pues, ¿por qué no le mete en un manicomio". Y el tipo le dice: "Lo haría, pero necesito los huevos".

W. Allen


&


Empiezo a dudar de mi salud mental. Así, en general. No sé cuánto de lo que me pasa por la cabeza entra en la categoría de "normal" y cuánto en la de "aléjate de mí, bicho". No se trata tanto de ver u oír cosas raras, digamos leones africanos alados mordisqueándome la piel o un coro de luciérnagas aficionadas al góspel regalándose en concierto, sino de sentirse venir en oleada arrancando desde el píloro un llanto incómodo por incontrolable, triste e inoportuno.

Tengo motivos para mantener la calma: será el festival de hormonas que tiene lugar en mi cuerpo, me digo, o será este calor asfixiante que espesa la sangre y ralentiza la posible sonrisa compensadora. Podría ser también que esa orquestada puesta en escena del cielo para contraerme las entrañas -léase la comunicación de un nuevo embarazo por día en las dos últimas semanas, por más que resulte inverosímil- sea solo un preludio de lo que está por venir.  Ojalá.

Lo malo es que también tengo motivos para perder los nervios: me resulto cansina, a mí misma y para los demás. Inserta en una espiral de  autocompasión que me atrapa y se me antoja barricada en mi propio laberinto. Porque si la posible salida del enredo exige el paso del tiempo e implica necesariamente una buena dosis de paciencia, a mí me pueden la ansiedad, la prisa y la desesperación. Tendré que vivir con ello y hacer acopio de tila: que así no hay quien engorde, dicho sea de paso.


En el fondo, creo, no estoy todavía de psiquiatra. Porque una cosa es necesitar los huevos y otra distinta no poder vivir sin ellos. Y yo, que sueño con yemas y claras deshaciéndome los nudos, me despierto sudando y me miro en el espejo: por suerte, bien lo sé, no tengo nada de gallina.


miércoles, 3 de julio de 2013

Naftalina en los sombreros


 

Lanzamos una moneda
y nunca la vimos caer.

No lo sientas, no te arrepientas, no llores más. 
Sube al viento, mantén el aliento, vuelve a empezar,
a empezar...


***


Tañe las campanas que aún pueden repicar,
olvídate de tu ofrecimiento perfecto.

Todo tiene una grieta;
así es como entra la luz.  


C. Malla & L. Cohen



& 


Tal vez nos olvidamos de darle la vuelta a los sombreros para dejar que entrara la moneda. O creímos que bastaría con el ofrecimiento perfecto, con las ganas brotando directamente de un lugar llamado corazón. Pero no fue así, y ahora toca pasar página y desdecir al refranero. Porque tampoco a la tercera fue la vencida. 

Ha sido duro, agotador y desolador a partes iguales. Ir al hospital sin respetar siquiera los días de libranza, las salidas de guardia.  Los pinchazos de repetición a esa hora en que se despiertan Las Ventas con clarines y timbales. Las pruebas diagnósticas. Los recipientes estériles conteniendo posibles retazos de vida. La exposición del centro geométrico de lo más íntimo por un quizás y el dolor agudo de un pasajero invisible que no acude a la última llamada. 

Hemos hecho todo lo que estaba en nuestras manos. 
No se puede pedir más. No se puede llorar más.


Vamos a dejar que la naftalina cuide por un tiempo de los sombreros, de la cuna, del bosque. Vamos a respirar hondo sin lanzar al aire más monedas para recuperar el aliento. Vamos a creer que existen las grietas aunque no podamos verlas. 


Que este castigo divino que es no poder tener hijos, imploro, no nos quite la vida.


 

lunes, 13 de mayo de 2013

Disonancias magnéticas




Cuando os pregunten en qué mano está la magia,
que no os confundan los trucos torpes del poema:
si en un verso muere el oro leve de la tarde,
buscad al forense que llora en las bisuterías.


J. Jiménez Domínguez


&


 
Magnetismo cruel este de la llamada de la selva.
Disonancias del eco declarándose ruido.
 
Nadie habla del vértigo de Tarzán. Nadie quiere saber de sus sudores fríos empapándole el taparrabos. Con un pie aún en la rama y solo sus manos para salvarle  del abismo.
 
 Nos hicieron creer que las lianas estaban a nuestra disposición para movernos de árbol en árbol. Que aquello era poco menos que un juego de niños y que si una de ellas se rompía, cosa rara siendo tan elásticas, habría otra cerca para asirla en el último momento y librarnos de una dolorosa caída. 

 Nos convencieron de que nuestro grito de guerra rebotaría en las montañas y llenaría el aire y la tierra de posibilidades. Que, en ausencia de contaminantes industriales, nunca nos enfrentaríamos a una terrible afonía. Bastaría con hinchar los pulmones y desear emitir un sonido capicúa para convertirnos en los Reyes del Mambo, de la Jungla, de la vida. 

 Nos dijeron que por cada Tarzán habría una Jane dispuesta a hacernos la cena, a satisfacernos con sexo duro. Que, llegado el caso, los gorilas podrían hacerse cargo de nosotros; de nuestras deudas, de nuestra sed de leche, de nuestra carencia de caricias.
 Que seríamos felices viviendo con lo justo. 

 Y todo nos lo creímos, hasta que sabíamos nadar y que en aquellas aguas no había ni rastro de sanguijuelas. 


Cuando volvimos a la ciudad y pasamos el reconocimiento médico,  el hemograma resaltó en rojo incasdencente ocho gramos pelados de hemoglobina. Fue entonces cuando asumimos que no estábamos hechos para según qué aventuras y descubrimos que también Tarzán, por las noches y en hojas de madreselva, empezaba cada entrada en su diario escribiendo dos palabras: tengo miedo. 


 

domingo, 14 de abril de 2013

Equilibrismo del tigre



“Posar el tigre tiene algo de total encuentro, de alineación frente a un absoluto; el equilibrio depende de tan poco y lo pagamos a un precio tan alto, que los breves instantes que siguen al posado y que deciden de su perfección nos arrebatan como de nosotros mismos, arrasan con la tigredad y la humanidad en un solo movimiento inmóvil que es vértigo, pausa y arribo.”


Julio Cortázar
[Historias de cronopios y de famas]


&



 En todos estos años nunca estuvimos verdaderamente seguros de poder posar un tigre. Lo que para otros resultó desde siempre pan comido o gacela apresada, descuartizada y digerida sin mucho esfuerzo, a nosotros se nos volvió jodidamente trabajoso, inalcanzable. Lejana quimera de sangre y rugido atronándonos con su onda expansiva y pulsátil los adentros.

 Cuando hubo que probar, probamos. Los consejos del veterinario experto; los del domador de fama internacional; los del gurú hindú nacido y criado en Bengala. Llenamos la despensa de látigos de siete puntas, bellas palabras, pacíficos gestos y dardos precargados de xilacina-ketamina. El conjunto nos deparó la nada. Primero la relativa y de seguido la absoluta.

 Y a pesar de ello -por obstinación, imperativo natural y anhelo vital insatisfecho- no cejamos en el empeño. Cada tarde practicamos la cosa del equilibrismo durante treinta minutos de reloj sobre la cuerda floja vistiendo nuestros mejores calcetines de rayas. Antes de acostarnos, tras lavarnos los dientes, nos embadurnamos con bálsamo de tigre y en movimientos circulares las entrañas. Una vez inmersos en el sopor del duermevela, hacemos acopio de tesón y valor para internarnos en los bosques más densos y peligrosos en pijama, horadando en territorio ajeno un sendero transitable para la esperanza. 

 Porque un día, ya sea de estos o de aquellos, el tigre se decidirá a aproximarse, observar y olfatearnos. Quiera el cielo que en el momento de tan determinante encuentro, quede al fin convecido y elija posarse.


 

miércoles, 10 de abril de 2013

Grietas en el horizonte

 




La verdad es que
 grietas
no faltan.


Hay una sola grieta
decididamente profunda: 
 la que media entre la maravilla del hombre
y los desmaravilladores. 


M. Benedetti



&



Y en cada grieta acecha Dios, que dejó escrito Borges. 

Vaya por delante que no me lo propongo. Que cuando despierto cada madrugada tomándole ventaja al sol, no me hallo en condiciones para el más hondo pensamiento ni para ninguna cosa distinta de la pura y dura supervivencia que exige la vigilia. Me basta con mantener abiertos los ojos y dejarse a la vida venir entre bostezos sin oponerle mucha resistencia. Y es precisamente por eso que lo que me ocurre se me antoja sorprendente. 

Con una constancia  que para sí quisieran quienes se apuntan al gimnasio y a razón de varias veces por semana (de tres a cinco, para ser exacta) me descubro redirigiendo la mirada al cielo y saludando -más por imperativo del alma que por mera cortesía- a los que desde hace tiempo considero "mis chicos".  El poeta y el músico. Ángel González  y Antonio Vega. Ellos, generosos siempre, se prestan al juego de arrancarme una sonrisa y otean desde su posición privilegiada en busca de hueco. Es así como, día a día, dejo aparcado el vértigo en zona verde y encaro lo que venga con mejor disposición de ánimo.

Hace tiempo, porque una es previsora, les comenté la posibilidad de sumar un nuevo miembro al grupo. Sólo para tantear. Pidieron referencias. Bastó con oir su nombre para acceder y considerar que contar con él, con su bondad y su inteligencia, sería un regalo. Desde el pasado domingo, son tres. Con la llegada de José Luis Sampedro se han puesto cómodos y han montado un saloncito acogedor con un gran ventanal abierto al mar. También han decidido por unanimidad que allí dentro siempre sea primavera u otoño y que, como única norma a respetar, se hable sólo al compás que marque el corazón y en bajito. 


Que quieren que les diga: a mí lo de ahí arriba me parece una delicia. Una suerte de santuario del verso y de lo esencial. Un sitio para disfrutar del recreo palabra sobre palabra. Un oasis de paz y lucidez en medio de la feroz selva. Algo tan especial, ellos tres, que sólo puedo darles las gracias por dejarse acariciar desde tan cerca. 





viernes, 8 de marzo de 2013

Intersecciones en la hierba





"Si hombre y mujer aspiran a algo más que a su descomposición en un ente híbrido, amorfo y confuso, deberían reencontrarse, más allá de las volubilidades de la historia, con su verdadera condición, ahora olvidada, de seres íntegramente -y no sólo físicamente- sexuados, y, a partir de ahí, teniendo en cuenta la evolución metasocial de la conciencia humana y las circunstancias del momento, redefinir las funciones sociales e individuales, no para adaptarse mejor a una dinámica social distorsionada, sino precisamente para reorientarla de forma acorde con sus naturalezas específicas: el resultado no puede ser otro que el reconocimiento de una generosa superioridad recíproca en la que lo masculino y lo femenino, asumiendo sus diferencias y aceptando sus límites respectivos, sean polos que se ofrecen mutuamente aquello de lo que el otro carece en un diálogo recurrente de superaciones sucesivas. "


A. López Tobajas


&




 Quiero pensar que cumplo los requisitos imprescindibles del día en curso, ser mujer y trabajadora, para poder opinar libremente -desde la inequívoca posición que otorga la primera persona del singular- sin ínfulas de resultar en modo alguno dogmática. Porque cada 8 de marzo me veo en la misma situación: tirando de reservas cerebelosas por tratar de mantener el equilibrio entre la defensa a ultranza de la igualdad entre hombres y mujeres (en cuanto a derechos, quiero decir) y el blindaje de lo que nos diferencia y, entiendo, nos enriquece por vía de la complementación. 


 En el mundo, empezando el recorrido en las mismísimas antípodas  y terminándolo por la casa de mis vecinos de bloque con parada en todas las estaciones, no es ni ha sido fácil ser mujer. Lo cual no significa necesariamente que sí lo sea ser hombre. Como no es mi intención hacer ahora un repaso de lo logrado por mujeres de armas tomar y corazón intrépido en beneficio del resto de las féminas, creo que con agradecérselo -sinceramente- es suficiente. Sin embargo, me escaman las actitudes de algunas mujeres que abogan por la equiparación "a lo que cueste" y construyen su discurso desde el "nosotras más y mejor que vosotros". No es sólo que no comprenda la necesidad de la destrucción del otro para lograr la posición propia, sino que siento que ese camino no es el mío. Es una cuestión de principios: prefiero que seamos compañeros antes que enemigos íntimos. 


 Para no perderme, cosa que me ocurre con facilidad pasmosa, desoigo las teorías que circulan al respecto: la mayor parte de ellas  repletas de perífrasis dignas de literatos iluminados por opioides y palabras grandilocuentes -por lo común vacías- alejadas de la realidad más cotidiana. O, lo que es lo mismo, sitúo el periscopio en el centro geográfico de los 65 m2 de esta mi casa que es lo que mejor conozco. Porque aquí, donde de forma voluntaria y meditada vivimos dos en compañía, ondea la bandera de la paz y del respeto mutuo. Que si tú estás cansado, yo hago la cena. Que si yo tengo el día flojo, tú pasas la aspiradora. Que los dos nos levantamos a las 06:15 h y traemos a casa sueldos casi similares. Y yo plancho mejor, cierto, pero tú instalas antivirus y desinstalas programas como nadie. Complementariedad, qué cosa más bonita, y mucho amor, que es precioso (¡qué carajo!). Lo demás, lo que escapa a nuestra pequeña burbuja, también existe pero está más lejos. Debiera bastarnos con este pacto a dos bandas que marca quién para qué, cuándo y cómo. Sin sacrificios que muestren el día de mañana escarificaciones ni se presten al más vil de los reproches. Esa es nuestra libertad, la de vivir con generosidad el uno para el otro. 


Así que hoy, querida lectora/ querido lector, me felicito y te felicito. 
Porque estoy segura de que ves el dibujo de Mordillo y sonríes sin crisparte ni retorcerlo hasta el absurdo. Y porque sabes que en lo que viene siendo la cosa de vivir, cuelga el cartel de "seguimos trabajando en ello".


 
 
 

domingo, 3 de marzo de 2013

Increíbles 36




Lo mismo que un sonido no se conduce 
con idéntica velocidad en el agua y en el aire, 
está probado que los años no discurren
de igual modo en el corazón y en la cabeza. 

Por mucho que sumen y repasen sus cuentas
acaban siempre discutiendo sin ponerse de acuerdo.

Lo dijo Émile Chartier de otra forma:
El tiempo es corto para el que piensa,
e interminable para el que desea.



Cumpleaños, 
J. Jiménez Domínguez



&



Nunca empecé mejor un cumpleaños que el pasado viernes.  
Nunca pensé que la magia pudiera madrugar tanto y en lugar de con bostezos me obsequiara luciendo su sonrisa más bonita.
Nunca creí que una coincidencia así, tan extraordinaria y sensacional, tuviera cabida en mi vida.

Y aquí estamos, queridos.  
A medio camino entre la estupefacción y la alegría desbordante.
Celebrando mucho más que la feliz coincidencia de este aniversario con el número atómico del kriptón. 

Porque a veces una pide una señal y el cielo lo da todo. 
Sin límite. 
Gracias. 
 


martes, 26 de febrero de 2013

Cronología de un dudar




Abro la nevera: en la balda que queda justo por encima de mis ojos una fuente de macarrones con tomate convenientemente protegida por film transparente exige explicaciones. Reticente, elevo la mirada y me quedo sin palabras.

Células recombinantes de hámster chino dormitan atrincheradas plácidamente en mi frigorífico desde hace 121 horas.

Y hasta aquí podemos -ustedes y yo- leer...
Porque quien ha escrito esta historia es experto en darle su puntito de secreto sumarísimo a cualquier vida y a todo desenlace. 




jueves, 14 de febrero de 2013

San Chapulín (colorado)




Más ágil que una tortuga,
más fuerte que un ratón,
más noble que una lechuga,
su escudo es un corazón.

Es...  
San Chapulín Colorado

 

Me gustan los superhéroes venidos a menos con superpoderes de andar por casa y unas armas de 'reconstrucción masiva' que quitan el sentío. Un martillito rojigualda por aquí, unas pastillitas Chiquitolinas por allá, unas antenitas de vinil capaces de detectar cualquier idioma del universo (incluyendo el guaraní) y vibrar cuando se acerca el enemigo... 

Me chifla que alguien acuda a la llamada de socorro presto y veloz, capa incluida, presentándose cortesmente y añadiendo esa frase que otorga confianza desde el minuto cero: "No contaban con mi astucia".

Me enamora  San Chapulín,

 - Por ser colorado: tan rojo, tan DF, tan zascandil.
 
 - Por ser torpe de solemnidad y no disimularlo sino con la risa: "Lo hice intencionalmente, todos mis movimientos están fríamente calculados".

 - Por erigirse en el último guerrero sin antifaz del mejor castellano: "Pleonasmo es lo que acabas de hacer: la repetición inútil de varias palabras que significan lo mismo. Eso de 'el cadáver muerto de un difunto que ya falleció'. Es como si dijeras... ¿Tú cómo te llamas? (¿Yo? Ramón). Bueno,  pues es como si dijeras: Ramón analfabeto, bruto, bestia. Para qué decir tantas cosas si diciendo Ramón lo decías todo... Ahora, ya aclarado lo que significa pleonasmo, ¿me puedes decir cuál es la preocupación que te preocupa?"

 - Y por llevar como escudo un corazón: "Calma, calma; que no pande el cúnico."



Me tomo la libertad de reorganizar el santoral: primero cesando al arquero de las flechas del amor por no declarar el cobro de sobres en dinero B de una entidad con ánimo de lucro y una sección de perfumería que agota la pituitaria del más pintado y, después, sumándome al nepotismo -hoy y siempre so cool & trendy-  para poner a dedo a este santo varón ocupando la casilla del 14 de febrero.


Se acabaron los regalos pastelosos. Los corazones que empalagan, las rosas por doquier y las velitas de pachuli creando una atmósfera cuasi tóxica en veladas íntimas. Llega el tiempo de los superhéroes del amor. Dispuestos a hacer reír antes que a dárselas de románticos. Siempre preparados para sintonizar la realidad con sus antenas y captar las ondas de superheroínas en apuros. Con el corazón descubierto y a punto para el rescate.


 

domingo, 27 de enero de 2013

Feliz sí cumpleaños Mr. Carroll




Ah, princesita,
 siempre es tiempo de té.




Ahora va a resultar que en Alicia en el País de las Maravillas hay un bebé cerdo. Y un lirón. Y juegos de lógica matemática. Y construcciones verbales con doble sentido que exigen para su comprensión nivel de inglés experto. Y más referencias a la droga que en Las Barranquillas. Todo un mundo secretamente maravilloso para mí desconocido por haber caído en la trampa mortal de ver la película sin leer el libro. Doy por buena esta sensación de idiocia sin parangón con la que vivo desde ayer tarde porque al menos -eso me salva- he leído Rayuela. 



Lo peor mejor del caso es que tantos descubrimientos vengan de la mano de un amigo sin gato ni sombrero dispuesto a parar los relojes para urdir al detalle la aventura. Primero regalándome el libro en cuestión para que entrara en faena sottovoce. Después llevándome a comprar cardamomo a una tienda cualquiera situada en una calle casi verde sin que sospechara siquiera que la dueña del lugar y él andaban compinchados. Una vez allí, entre aromas con efecto psicotrópico y orugas azules escondidas entre tarros supuestamente herméticos, estaba vendida. Ya no tenía escapatoria porque había entrado sin paracaídas en otra dimensión. Para que no me asaltara el pánico y creyera seguir siendo quien siempre he creido ser, alguien citó de refilón a Cortázar: otra estratagema de despiste. Un juego más, amén del de naipes, que me enceló por cuanto tiene de camelancia inesperada. Por si no fuera bastante, me ofreció mirindar adaptándose a mis gustos y costumbres. En lugar de una silla en la Tea Party, me invitó a compartir un chocolate con churros sin etiquetas de "bébeme" y "cómeme". Con la pócima ya ingerida haciendo de las suyas en mi maltrecho vientre, se despidió hasta más ver, dejando inconcluso el cuento.


 Con todo, la espiral de locuras y coincidencias del destino sigue su curso extraordinario. Y descubro que en 1832, tal día como hoy, nació Lewis Carroll. Conocido el dato en cuestión me asaltan serias dudas sobre si debiera o no felicitarle; y desde ahí, brotan más y más dudas como si nada. Me pregunto si todo lo ocurrido es producto de mi imaginación o real como la vida misma; si esa persona que a mí me encanta se habrá desencantado conmigo; si alguna vez un bebé (cerdo o no) dormitará en mis brazos; si más allá del sueño sobrevive la ilusión.




lunes, 14 de enero de 2013

Mucho esperma y pocas nueces




[...] la tuvo entre los brazos oliendo a sangre, le hizo beber el semen que corre por la boca como desafío al Logos, le chupó la sombra del vientre y de la grupa y se la alzó hasta la cara para untarla de sí misma en esa última operación de conocimiento que sólo el hombre puede dar a la mujer [...] 

Rayuela,
Julio Cortázar


&



Años ha, dos ocasiones ciertamente pecaminosas se saldaron con la toma de dos pastillas separadas en el tiempo. Dos recetas de curso legal escritas por dos hombres que en pleno ejercicio de duplicidad ocuparon dos mañanas con sus noches al borde del abismo. Dos números de colegiado doblegándose ante el equívoco. Dos importunidades y el redoblar de las campanas cuando dos y dos son cero. 

Se pierde el almanaque en dos columnas de nombres y rostros pasajeros. Dos docenas de hombres que vinieron, no atinaron y se fueron. Dos se salvan del incendio manifiesto. Uno más, en honor a la verdad y por derecho. 

  
Un intermedio en dos funciones deshizo en ocho años toda la magia del estreno. Dos "queriendo como te quiero duele más este no puedo". Dos negativas cinceladas en el cielo. Dos imposibles rotundos, racionalmente inabarcables. Dos lo siento inolvidables.
 

Vino después un pasodoble a hacer añicos dos años de vacío aunando en el espejo dos mitades. Dos ciudades. Dos caminos. Dos corazones sintiéndose morir en el intento. Y la cama donde uno y uno fueron uno: incomparable desobediencia del alma en la complicidad canalla de un dueto. Una guitarra y dos rombos. La canción que resuena en el silencio.


Hay dos mujeres en mí. 
La de antaño y la de ahora. 
Cuando escribo lo ocurrido en mi vida sin desbordarme en llanto.
Cuando descifro quién soy por voluntad propia y en binario.