domingo, 22 de mayo de 2011

Servilletas incunables




Usted, querido,
no sabe en qué lío se ha metido.


Camelándole,

Felicidades.



miércoles, 18 de mayo de 2011

Merienda en Sing Sing





Queda apenas el alma de la palabra escrita,
renglones con borrones de tinta hospitalaria,
con Borges y un tequila de más
¿quién necesita caricias mercenarias?


Asuntos Internos (I), J. Sabina



&



Bendita la ceguera del maestro,
los ayudados por bajo del canalla,
el motivo del licor quemando el cuello.
 Del rescate sin secuestro, las agallas.


La luna roja en las noches,
el striptease del tintero,
la vida y su paradoja.
El volver de mi torero.



Asuntos Externos (I), Mrs. Botwin


martes, 10 de mayo de 2011

Poética y p(r)olítica





Tus ojos
que están llenos de selvas y son un manifiesto,
desordenadamente
me hacen aventurero
y revolucionario.

 Luis G. Montero




 Él desdeñaba las romanzas de los tenores huecos. Yo rehusaba opinar sobre aquello que hacían llamar política y quemaba mis naves en la poética.

 Le descubrí en el número siete. 
 Candidato a la eterna primavera.
 Dispuesto a llenar de deseo los tranvías.  

 Inolvidables, nuestras revoluciones.


 Erecciones y utopías, Mrs. Nancy Botwin


domingo, 8 de mayo de 2011

Casquivanos mis cascabeles




Yo quiero verte danzar como derviches tourneurs que giran
sobre la espina dorsal, al son de los cascabeles del Kathakali.

En el ritmo obsesivo, la clave de ritos tribales.
Reinos de hechizos y de los músicos gitanos rebeldes



F. Battiato




Yo quiero danzar...

Entre sopas de aguas y paisajes puros. Con los pies descalzos y los vuelos de mi falda alzados por el viento. Con los brazos abiertos y las manos vacías. Entre el aire y sobre la tierra. Los ojos libres. La melena suelta. El cuerpo lejos. El alma fuera.

Que los cascabeles de mi pensar resuenen en mi corazón.
Marcando el compás.


Un mojito y mi dosis, Mrs. Nancy Botwin


 

miércoles, 4 de mayo de 2011

Palabras en Chop suey



Volvía a casa y la encontraba en la cocina, embadurnada de harina y con las manos en la masa. Le ayudaba a deshacerse del delantal, de su suciambre -mezcla indeleble de suciedad y cochambre- y dejaba que fuera ella quien emulsionara las medias palabras con los ligueros manchados de tinta. Suculento menú bajo su falda. Hambre, sin mantel, sobre la mesa.


Ella, que teñía con azul de metileno el blanco de las natas y respetaba el rojo de las fresas. Por principios. Ella, que rompía lo níveo de su piel inmaculada con tatuajes de andar por casa o por la jungla. Ella, que ya no necesitaba probar todas las salsas para darles el punto. Y aparte, con suspensiva intimidad, su coma.


Ligueros preñados de tinta, Mrs. Nancy Botwin

domingo, 1 de mayo de 2011

Relicarios de un soñar




He vivido en un tiempo histórico de ruptura y tan viejo soy, que hay en mí distintos sedimentos, como en las montañas. Así, todavía guardo de mi juventud las marcas de las luchas sociales. Pienso que los chicos me querrán porque nunca dejé de luchar, porque no conseguí instalarme en ninguna época, y hoy, trastabillando, me siento cerca de la gente que aprendió a vivir de otra manera. Y muy cerca de los jóvenes que después de este horror de mediocridad, indecencia y ferocidad, pujan por nacer a otra cultura que vuelva a echar raíces en un suelo más humano.


Diarios de mi vejezE. Sábato


&




No hace falta subirle el telón a los párpados y ofrecerles espectáculo. Basta con no poder cerrar los oídos, como puede hacerse con la boca o con las manos.

Puedo no mirar por la rendija que deja un cajón mal cerrado. No ver el reflejo metálico de los cuchillos. Intentar olvidarme de su existencia al despertar. Callar con asepsia y revolcarme en el fango cuando escribo. Morderme la lengua y apretar los dientes. Retozar sobre la tinta y mi hierba. Ponerme guantes antes de abrir las piernas.  Fingir que no es mi sangre. Soñar que no son mis manos.   


 Relicarios de un soñar, Mr. Nancy Botwin

domingo, 24 de abril de 2011

Suspiros de alfalfa




Después de haber comido entrambos doce nécoras,
alguien dijo a Pilatos:
-¿Y qué hacemos ahora?

Él vaciló un instante y respondía
(educado, distante, indiferente):
-Chico, tú haz lo que quieras.
Yo me lavo las manos.


Final conocido, Ángel González



Hay dilemas que no admiten balanzas: elija usted, acaso, entre operarse a corazón abierto y parado el Viernes Santo -con su olor a muerte impregnando las sábanas- o el Domingo de Resurrección - que irisa desde el alba la gloria del día-. No ha lugar.

Entre tanto, un caballo imaginando a Dios olisquea la palma de su mano en busca de las letras que antaño acompañaron  a Cervantes y a Shakespeare. Muestra así su querencia por las caballerizas y los caballeros que darían su reino por un galopar salvaje. Se relame con los terroncitos de azúcar del buen hacer de la prosa y del sufrir endulzado del iluso.  
 

El calendario, caprichoso, siembra espinas y confunde coronas redentoras con rosas literarias. La poesía, por su parte, se baña en almíbar de inmortalidad.


Suspiros de alfalfa, Mrs. Nancy Botwin


domingo, 17 de abril de 2011

Turbulencias dominicales






No es tu sexo lo que en tu sexo busco
sino ensuciar tu alma:
desflorar
con todo el barro de la vida
lo que aún no ha vivido.


 
El que no ve, L.M. Panero


&



No te asustes si ves que me comporto como un animal salvaje.

Si de pronto me crecen las uñas como garras afiladas e intento sacarte los ojos cuando tú sólo quieres contemplarme, como un niño bobo en el escaparate de una pastelería.
Si de mi boca brotan sapos, culebras y sanguijuelas, cuando tú sólo pretendes decir lo mucho que me quieres, sin siquiera saber lo que significa esa desazón que te sube por la garganta.
Si mi vientre de loba grita pidiendo sangre y enrojezco de pura rabia, no te vayas, no me temas, tan sólo...

... atácame por la espalda a traición.

Como un animal de presa, clávame los dientes en el cuello, inmovilizándome.
Cúbreme como a las fieras, antes de que ni siquiera pueda defenderme.
Átame a la cama, pégame, pellízcame, apriétame fuerte los brazos y los muslos si ofrezco la más mínima resistencia. Agárrame del pelo y llévate mi boca donde gustes, azótame como a una niña mala y descarga sobre mí toda tu rabia.

Lo merezco, me lo estaba buscando.

Dime después que lo sientes... que no querías ser tan brusco, que nunca volverá a pasar (mientras cruzas los dedos detrás de la espalda).
Verás que de repente puedo volverme tan pequeña y adorable, tan sumisa y complaciente.

Soy domesticable.

Hago pompas con saliva, Ana E. Pena.


&


Hojas de arce sonrojadas caen en la impostada primavera.
Se posan sobre el blanco de telas que queriendo ser sábanas, terminaron luciendo banderas de paz.

De Madrid a Québec, de este a oeste y en sentido acotado y reversible, se dibujan franjas rojas. Serán anastomosis lalerolaterales del cariño en el silencio. Palabras cosidas a la nada, bordadas con el hondo deseo de que, sean cuales sean las circunstancias, nos vaya bien bonito.

No lo hicimos tan mal después de todo, me digo en sinusal a 105 latidos por minuto.
Invisibles estos besos. Sentida esta reverencia en forma de despedida.  


El pasaporte de Leonard, Mrs. Nancy Botwin


viernes, 8 de abril de 2011

Paracaídas ausentes




El catecismo me enseñó, en la infancia, a hacer el bien por conveniencia y a no hacer el mal por miedo. Dios me ofrecía castigos y recompensas, me amenazaba con el infierno y me prometía el cielo; y yo temía y creía.


Han pasado los años. Yo ya no temo ni creo. Y en todo caso, pienso, si merezco ser asado en la parrilla, a eterno fuego lento, que así sea. Así me salvaré del purgatorio, que estará lleno de horribles turistas de la clase media; y al fin y al cabo se hará justicia.


Sinceramente: merecer, merezco. Nunca he matado a nadie, es verdad, pero ha sido por falta de coraje o de tiempo, y no por falta de ganas. No voy a misa los domingos, ni en fiestas de guardar. He codiciado a casi todas las mujeres de mis prójimos, salvo a las feas, y por tanto he violado, al menos en intención, la propiedad privada que Dios en persona sacralizó en las tablas de Moisés: No codiciarás a la mujer de tu prójimo, ni a su toro, ni a su asno... Y por si fuera poco, con premeditación y alevosía he cometido el acto del amor sin el noble propósito de reproducir la mano de obra. Yo bien sé que el pecado carnal está mal visto en el alto cielo; pero sospecho que Dios condena lo que ignora.



Teología 1, Eduardo Galeano



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¿Quién cuenta las nubes sabiamente y quién inclina los odres del cielo, cuando el polvo se funde en una masa y los terrones se pegan entre sí? ¿Cazas tú la presa para la leona y aplacas el hambre de sus cachorros, cuando se agazapan en sus guaridas y están al acecho en la espesura?


¿Has caminado por el fondo del océano?


Job, capítulo 38



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Esa noche me puse en sus manos: temblando sobre el suelo frío, desnuda ante mi miedo, perdida en su dictado. Traspasé mi propio límite, las fronteras intangibles de mi propia voluntad y mi conciencia, y me entregué a él. Sin palabras y en silencio.


El equilibrio es más que el estado de un cuerpo cuando fuerzas encontradas que obran en él se compensan destruyéndose mutuamente. Es la caída frustada y el ascenso ignorado. O ninguna de ellas. O ambas. O la duda inmisericorde devorándonos un anochecer cualquiera.



El pH de mis lágrimas, Mrs. Nancy Botwin



miércoles, 6 de abril de 2011

Réquiem por un lobo feroz




[...] Ya no es posible amar solo en febrero, ni al tuntún de la luna y las mareas. Si se apagan las velas, que se apaguen, si se mueren las rosas, que se mueran; si se pierde un guante, bien perdido está. Nada se parece a ti, y por tanto me parece conveniente no compararte con nada. Más que harto estaba ya de la traición gélida de los espejos. De la trampa y el cartón de los misterios y la coquetería boba de las leyendas, los laberintos, los crucigramas.

Sentado en la cocina y apoyada la espalda contra el frío real, me dispongo por fin a quererte, pero no como los niños, no con ese amor caprichosamente desesperado, no entre los tesoros que en realidad no tengo, sino en serio.

Con las palmas de las manos hacia arriba y los ojos bien abiertos.


Ray Loriga



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El día que los tanatopractas decidieron especializarse en necropoética y los carniceros de la rima quisieron hacer su agosto en el mercado de la prosa, también sonó el despertador antes del alba.

Ella se levantó sin dar opción a la repetición cíclica de la alarma, desconectó el modo sueño y dejó que fuera él quien conectase la cafetera. Seguían las calles en su sitio, las farolas alumbrando y los semáforos deteniendo el tiempo. La década prodigiosa del libertinaje vespertino se consumió en el bostezo sumiso de la rutina matinal. Al unísono pronunciamos entonces un "buenos días" que encontró su corolario más amable en un "no digas tonterías".


Seis tequilas y un cuartito de limón, Mrs. Nancy Botwin