martes, 10 de octubre de 2017

Follajes caducifolios (por no decir otoños)




             Escribiremos: «comemos muchas nueces», y no:
 «nos gustan las nueces»,
porque la palabra «gustar» no es una palabra segura, 
carece de precisión y de objetividad.
 
 «Nos gustan las nueces» y «nos gusta nuestra madre» 
no puede querer decir lo mismo.
 
 La primera fórmula designa un gusto agradable en la boca,
 y la segunda, un sentimiento.
 
Las palabras que definen los sentimientos son muy vagas;
 es mejor evitar usarlas y atenerse a la descripción de los objetos,
 de los seres humanos y de uno mismo, es decir,
 a la descripción fiel de los hechos.


Claus y Lucas
Agota Kristof

&




Qué placer fundir en un instante humedades, miopías, follajes y esencias.
Seamos libres. 
Reconquistemos el otoño a pie de bosque.
A pelo, a hoja, a tinta.
Del jadeo al escalofrío. 
Templándonos.
De la rebequita al sudor.
Sofocándonos.
 

Hoy, que me pregunto si caducan los incendios.
Si volver a perderse es reencontrarse. 



Follajes caducifolios, Mrs. Nancy Botwin


jueves, 28 de septiembre de 2017

Más allá del glamour



En mi familia nunca se ha suicidado nadie,
 no era una alternativa para los de clase media. 

Mi madre estaba demasiado ocupada en la cocina
 matando el sabor del pollo
como para pensar en pegarse un tiro.


Woody Allen, Recuerdos


&

  
     Un trienio largo excedente de mí misma y de mi mismidad. ¿La razón? Dos vidas a mi cargo que con la propia suman tres. El milagro que tanto pedí, rogué y supliqué y que finalmente acabó por materializarse  el 14 de noviembre de 2014. A las 07 horas nació mi hija. A las 07:01 horas nació mi hijo. 


     Desde entonces soy madre, doble madre que diría mi abuela. A veces soy una mamá fantástica y otras la peor mamá del mundo. He descubierto tantas cosas de mi misma en este tiempo que me da vértigo pensarme. Y he conocido niveles de felicidad y de agotamiento físico y mental que jamás pensé que pudieran existir. En cifras, hablamos de una producción láctea de unos 4000 litros, un déficit de sueño equivalente a 6-8 meses sin pegar ojo y una paciencia de crecimiento exponencial que deja el desarollo de las bacterias a la altura del betún.


      En resumen, que estoy encantada con ellos pero necesitada de silencio, de comedor escolar y de tiempo para mí. Para escribirme, para ordenarme. Porque después de limpiar de rodillas los zapatos me apetece salir de nuevo al escenario. Así, despacito; como si Leonard estuviera allí para tomar mi mano y acompañarme.




 

domingo, 23 de marzo de 2014

A endometrio y corazón abiertos



Ojalá quiera quedarse a vivir
 la primavera
debajo de mi falda.


&


Ruego sepan disculpar esta larga ausencia; la vida quería de mí Rock & Roll y yo siempre intento darle gusto. 
Cuídense todos, queridos. 

sábado, 18 de enero de 2014

Irritaciones perimetrales





Aquí fuera, en el perímetro, no hay estrellas.

Aquí fuera estamos colocados. 
Inmaculados.


Jim Morrison


&


Me irrita que en todas las películas americanas los protagonistas se levanten de la cama siendo aún de madrugada y, sin embargo, desayunen el café en la cocina con un sol radiante entrando por las ventanas. ¿Alguien podría decirme a qué hora amanece en los United, tanto da costa este u oeste? Y, ya puestos a aclarar, ¿por qué aquí siempre es de noche a las 06:15 h sea cual sea la época del año?   

Me irrita que de siete mil expedientes de indulto, el Ministerio de Justicia pierda concretamente -y por más de un año- el de Baltasar Garzón, sin que los responsables consideren necesario investigar lo ocurrido porque no se presume en tal hecho mala fe. 

Me irrita que después de unas navidades trabajando a destajo en la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital que me tiene en nómina, en condiciones rayanas en la explotación (trece días seguiditos sin descanso, por poner un ejemplo) y tirando de ingenio para solventar todo tipo de carencias (léase falta de guantes, medicamentos, personal y hasta ¡sábanas limpias!), la Directora de Enfermería envíe escrito de "agradecimiento por la profesionalidad demostrada" y no se digne a aparecer para escuchar tres o cuatro cositas bien dichas pero cara a cara. Que todavía exista quien niegue los recortes. Quien no vea que, más que recortes, son extirpaciones sin miramientos ni conocimiento.

Me irrita esta Ley del Aborto en sí misma; las barbaridades que se escuchan porque hay quien permite que sean difundidas; la fiereza con la que quienes deciden tratan de imponer sus propias creencias a los demás, recurriendo al agravio, al insulto y hasta a la vejación más inmisericorde. Que volvamos a donde nunca debimos estar. Que la mujer (una cualquiera, yo misma) pierda su derecho fundamental a tomar decisiones sobre su propia vida. 

Y me irritan tanta corrupción, tanta hipocresía, tanta palabra hueca de facto y repletita de futuros, tanto apretar a los mismos de siempre. Que en el mercado de mi barrio la gente compre patas y crestas de pollo. Que lo perimetral, una vez más, me gane la partida. 



domingo, 5 de enero de 2014

E-pístola (vs. súplica)




martes, 31 de diciembre de 2013

Despropósitos apresurados



Nada de listitas con "lo mejor y lo peor de 2013". Nada de melancolías ni de escribir los deseos para el nuevo año tres minutos antes de la cuenta atrás; debe haber alguien o algo por ahí arriba que, definitivamente, o no sabe leer o no entiende mi letra. 

En su lugar, y con la ayuda inestimable de Mr. Jardiel Poncela, dejo para la posteridad mis despropósitos de cara al año entrante: 

 1. Enseñarle malabares a una ostra. Tratar de no aburrirla en el empeño.

 2. Pintar de verde la verja de ese manicomio que es el mundo.

 3. Aprender a hablar castizo (léase idiomas): 
 - ¿De dónde vienes?
 - De la rué.
 - ¿Qué has hecho?
 - Mover los pinrelitos y lucir el establecimiento. 

4. Desoir cada una de las recomendaciones de la OMS. Asumir que -en lo personal- la nicotina va a la grupa del amor.

5. Doctorarme en camelancias y extrañezas; cambiar el adverbio NO por "Encarlado del rujen histroso de poserpidania. Lafurnita." y el adverbio SÍ por "Salacadula Chalchicomula Bíbidi Bábidi Bu". Derrochar con alegría, al menos en la cosa  del lenguaje.

6. Conservar intacta la fe, de preferencia al baño maría.

7. Dejar abierta una rendija (con ganzúa, fórceps o intrincadas contraseñas) para los puntos suspensivos. 


Decidida estoy a cambiar esta noche uvas por frambuesas y cava por tequila. 
Y, con la tenia señorías, a seguir bailando. 
 


sábado, 28 de diciembre de 2013

¿Mrs. Nancy Bowtin?





Diciembre vino silenciosamente, 
estirando las noches hasta casi juntarlas...


Ángel González



&

[Esto mío, creo recordar, no era tan difícil: elegir una foto, adornarla con un verso ajeno imprescindible y pasar a derramarse con lo propio.]

Sin rodeos: 
Un amigo en la UCI, dejándose cuidar por servidora. 
Una amiga grave, pasándolo al tran tran en su propio domicilio.
Un no rotundo. Un sí esquivo. 
Un dedicarle tiempo a todo, incluyendo lo menos importante, por pura supervivencia. 


El resumen de un mes y dos semanas en cuatro líneas; la factura que se cobran cuatrocientas horas de déficit de sueño acumulado. La sensibilidad a flor de piel. La imperiosa necesidad de seguir bailando. La suplica al cielo -desatendida- de una tregua. 
Ha sido -y está siendo- duro, pero empiezan a verse brotes verdes que nada saben de índices económicos. Porque el 2014, intuyo, viene como entran los toreros en el coso; temblando de miedo pero decidido a ser valiente. Quiero creerlo. 


Y quiero aprovechar para saludar, faltaría más. Que son fechas de noches juntándose con noches y a una le faltan horas pero le sobran ganas: 
- Besos Guillermo. Que pensarte y sonreir es todo uno. 
- Besos Julia. Con Champin, con agua, con amor. 
- Besos Ana. Sin jamón, con reposo. Con toda mi ilusión. 
- Besos Raquel. En bajito, pero siempre. 
- Besos Manolo. Con gatos y bodas, con abrazo apretaíto.
- Besos sin peluca, José. 
- Besos Luis. En sinusal, por derecho. 
- Besos a mi médico y testigo.
- Besos a los que me faltan. 
- Besos a mis padres.

 Y a tí, Juanjo, que sostienes cada uno de mis besos en tu beso, un sí quiero. 



jueves, 14 de noviembre de 2013

Las cinco y sin comer




Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres
                                                       (según las últimas estadísticas).

Y paso largas horas preguntándole a Dios,
preguntándole por qué se pudre lentamente mi alma,
por qué se pudren más de un millón de cadáveres en esta ciudad
                                                                                             de Madrid,
por qué mil millones de cadáveres se pudren lentamente en el mundo.


Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día,
las tristes azucenas letales de tus noches?


Insomnio,
 Dámaso Alonso





Desconcierta tanto pensar que la proa no es nada sin la popa, que babor y estribor nunca se fundirán en un abrazo...
Cuando a mitad de travesía el mar ruge bravío, sólo cabe pensar en "más madera".  En lo altas que están las olas, madre; en lo lejísimos que se avista tierra firme (para qué plantearse que eso del fondo sea en realidad mero espejismo); en cuánto durará lo que queda de combustible y en posibles vías de evacuación si llegara a producirse una tragedia. "Más madera", repito, y me birla el aire con maestría una sonrisa.


Que siempre parece repetirse la misma secuencia cuando se cierne sobre mí una tormenta; a lo urgente, por fuerza, le gana la partida lo incandescente. Y servidora quisiera ponerse cuanto antes con el acopio de imprescindibles (1.bote salvavidas, 2.alambre macgyverizable en arpón, 3. dos blister o cuatrocientos gramos de "Pastillas para no soñar: avería y redención", 4.guantes para tanta astilla y 5.rezo desesperado tipo "Jesusito de mi vida"),  pero sabe por experiencia que antes hay que dejarse llorar y saberse frágil. 
  
Que para gritar a pleno pulmón "a toda máquina" hay que haberse recompuesto y coger aire.



miércoles, 13 de noviembre de 2013

Indefensiones Vs. Impotencias



Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde...

J. Gil de Biedma


&



Hoy no estoy para nadie. Hoy no quiero saber nada de tifones, de tramas de corrupción, de chismorreos de patios de vecinas ni de resultados deportivos. No quiero saber ninguna cosa que ocurrirle pueda a nadie fuera de éste, mi cuerpo, o fuera de ésta, mi alma. Y si alguien pregunta por qué esta actitud o de dónde nace este enmimismamiento, que amase su curiosidad hasta hacer con ella una bola -tanto da si resulta grande, pequeña o amorfa-. Porque hoy no puedo sostener mi propia sombra; ni tan siquiera esbozar una sonrisa. Mucho menos aún sentir piedad por nadie distinto de mi propia persona.

Que ninguna palabra obra en mí consuelo.
Que ningún gesto, salvo este abandonado de escribir, me sirve de guarida.



martes, 22 de octubre de 2013

Irreverencias otoñales

 



 Del sueño irreverente de una noche de otoño


Jesucristo yacía relajado sobre la camilla de masajes. Tosió un par de veces por el humo del incienso y mantuvo los ojos cerrados en espera de contacto físico. Después de mil novecientos ochenta años sin sentir una triste caricia, ese día, por fin, había llegado el momento. Su túnica colgaba de una percha de Ikea. Bajo ella estaban sus sandalias, necesitadas sin atisbo de duda de una manita de agua y un tintín de jabón.  Una toalla de algodón blanco rizado cubría pudorosamente la zona innoble del susodicho; dejaba al descubierto toda su espalda y sus piernas desde mitad de muslo.  


Su visión ante mis ojos fue casi una experiencia religiosa. Le reconocí aún estando de espaldas y le pregunté si le podía llamar simplemente Jesús. No hay problema, contestó. Me detuve en su voz mientras entibiaba el aceite en el hueco de mis manos: era cálida y profunda, varonil. Me puse al lío sin más demora tratando de controlar mi propio desconcierto. Sé hacer mi trabajo, me dije: primero suave deslizamiento, después movimientos circulares y más tarde amasado, presión y estiramiento. Una hora y media de roce epidérmico lubricado que dio de sí lo suficiente para oírle suspirar, quejarse tímidamente por alguna contractura y gemir de gusto. Y también para que a su pregunta directa de cómo va el mundo yo respondiera sin filtrar: "Sólo regulín. Que un tío como Cristiano Ronaldo se saque la chorra en público despierta mucho más interés y acapara más recursos que cualquier masacre humana  o el crecimiento imparable de la desigualdad social". 

Mi perplejidad por haberle soltado esa frase sin que mediaran mecanismos de control básico pasó a un ultimísimo plano cuando Jesús, recobrando su incuestionable vigor y olvidándose del masaje, se giró de sopetón para levantarse de la camilla mostrándose como Dios le trajo al mundo. El movimiento inesperado y el paisaje a contemplar me nublaron el raciocinio de tal modo que en mi magnífica confusión sólo pude centrarme en las bondades de la naturaleza y bendecir al otoño por llevarse las hojas de los árboles y no encontrarles nueva ubicación entre sus ingles.  

Y fue así,  tomando como punto de partida aquello del follaje caducifolio y llevándolo por la vía ecuménica del poder seductor de la redención, como se alcanzó el final feliz al que están obligados los cuentos, los milagros y los masajes. 


P.D. Si son de rezar, les ruego: oren para que este sueño se repita y, a poder ser, para que se quede sin pilas el despertador.