sábado, 25 de mayo de 2013

Intensidad de un vivir

 



 

Cuatro fotografías en blanco y negro. Cuatro fotos seleccionadas de casi una treintena tomadas en 2008 por Julie Weisz y publicadas en el libro La vida en Terapia Intensiva (Buenos Aires). Un mundo de intangibles recompuesto en imágenes. Un reportaje único mostrando lo que nunca se ve. 

Descubro el trabajo de Weisz y me siento comprendida y en casa. Tal vez porque mis ojos aún tratan de acostumbrarse a tanto claroscuro, porque me sigue costando encontrarme cómoda en mi lugar, en esa barrera de coral que ha de resistir los embates del mar con la entereza de saber que para eso está ahí.  Porque entre esas cuatro paredes, ya lo dije antes, no caben artificios: el aire es tan sólido que se mastican la esperanza y el sufrimiento. 

Son cuatro escenas cotidianas de Cuidados Intensivos: un paciente conectado a ventilación mecánica a través de una traqueotomía, dos rosarios y tres estampitas en el cabecero de una cama ocupada, un pase de visita médico visto desde la posición de la enfermera responsable (desde la del paciente -de frente- infunde más temor) y un montón de alargaderas, sueros y presurizadores al detalle. Son cuatro posibilidades inciertas. Son cuatro maneras casi invisibles de esbozar lo intensa que puede llegar a ser la vida.


Aquí las dejo para recordármelo cuando me fallen las fuerzas. 
Y, de paso, para reconciliarme con el mar y su incansable bravura.


2 comentarios:

  1. Paso a dejarle besos para cuando le fallen las fuerzas. No me he ido, sigo por algún lado, recuperándome, ya sabe, de los golpes de la vida.

    No me he ido, de la verita suya nunca me iré.

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    1. No sabe cuánto me alegro de su volver, de su recuperación y de que siga a mi verita, porque sin usted hasta la poesía más linda sabe a menos.

      Que tenía necesidad de ti, darling. Y superávit de besos esperando para marcarte, como miguitas de pan, el camino de regreso.

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