martes, 6 de abril de 2010

Cruz inversa (sin ficción)


Y después de Pilatos... nos queda Pilates. Con esta cruz inversa que se las trae y se las desea. Invadida me hallo por oleadas de ácido láctico que me recuerdan que existen músculos (traicioneros) de los que no tenía conciencia. En cada risa, en cada paso, me torturan como las cosquillas cuando empiezan a doler. No deja de tener su gracia.

Hoy tocó controlar la inspiración y apretar algo más que la tripa para mantener la posición correcta. No es fácil convivir con flagrantes injusticias ni apartarlas de la cabeza en pos de lo que le gana en importancia. Pero después de que una vida de treinta años deje de ser (así, sin más) una entiende que hay que relativizarlo todo. Priorizar, respirar, dejar al corazón latir y seguir en pie. Son gajes del oficio.

Así pues, que nadie me acuse de endulzar la vida como mejor sepa y pueda: con sueños peregrinos sin visos de realidad; con mensajes enviados en botellas desde mi isla secreta (arrojados muchas veces a mares de incomprensión); con sarcasmos que no sean malos sucedáneos del ingenio; con la basculación pélvica rigurosa para que, cuando menos, les cueste lo suyo darme por c*; con mis camelancias y sus sonrisas.

Brindemos hoy, que es siempre todavía, con un vaso de agua con mucho, mucho azúcar.

2 comentarios:

  1. Cada vez mas firme en mi cita para leerte, a lo que ayuda el hecho de que uses estas botellas fashion, con forma de post. Me uno a la causa de los sueños locos y el sarcasmo disfrazado de ingenio, ¿o era al revés?

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  2. No tenía a mano botellas vacías de Angostura 1919. Será que no abundan los sibaritas entre los náufragos.
    Sea como fuere, que no se nos vayan las ganas ni el murmullo del ron...

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