lunes, 3 de mayo de 2010

Márai que estás en los cielos...



No escribo ni leo, pero a veces sueño que sí lo hago, y las líneas se van sucediendo como los subtítulos de una película. Las frases tienen sentido, la selección de palabras es correcta; la redacción, ingeniosa. No soy yo quien escribe, sino que más bien se trata de un proceso que ocurre en mí. El camino que conduce de la vida a la muerte es oscuro, voy trastabillando de la nada a la nada, y en ocasiones sucede que, en el trayecto, una palabra o un concepto resplandece como las luciérnagas en un bosque oscuro.

Sándor Márai
Diarios 1984-1989.

P.D. Del propio Márai: hoy he añorado mucho la nobleza y la elegancia del cuerpo de L. Su sonrisa. Su voz.

P.D. De la propia Nancy Botwin: no me canso de leerle, de admirar su valentía para pegarse un tiro a los 89 años. De saborear su sangre derramada en cada letra y sentirla compatible al cien por ciento con la mía. Anhelo su transfusión.

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