sábado, 18 de diciembre de 2010

Ordeñando mapaches




Sí, no sé nada de Star Wars.
Sí, nunca aprendí a jugar al ajedrez.
Sí, las estrellas luchan a sangre y fuego.
Y sí, las contiendas se enrocan en mitología.



Todo lo que sé de los mapaches es que no es recomendable tener sus ojos si uno no es capaz de afrontar una fractura de base de cráneo con la misma alegría que le pondría a superar un catarrillo al uso. Nada de sus habilidades trepadoras ni nadadoras. De su necesidad de estar cerca del agua. De su cola anillada siempre en número impar.


Mientras hago repaso y completo mis deberes, las pérfidas musas se van de paseo. Mantengo la cabeza erguida con la misma voluntad que me acompañaba las largas noches de estudio. La misma que me sigue cual escolta privada cada noche de guardia. Alevosía de ésta, mi enfermería. Voluntad para que las yemas de mis dedos se mezclen con las claras antes de caer abatida y batirme en retirada. Para jugar a ser Reina de las Amazonas, incluso en la República.


No hay comentarios:

Publicar un comentario

Invitados al baile