jueves, 6 de agosto de 2009

Un no sé qué que queda...



Ordeno mis papeles: rompo algunos, guardo otros. Me revuelven las tripas, los menos, pero consiguen que mi corazón de musaraña se contraiga y se relaje -alternativa y constantemente- unas quinientas veces por minuto. Estoy bradicárdica, quién lo diría. No sabrías leer mi electrocardiograma.

Me pregunto si mereció la pena 'estar en torero', si todavía merece la pena; jugármela a ser sincera, ¿acaso este público lo agradece? Me equivoco de pregunta. No es el público el que determina la verdad con la que vivo, soy yo misma.

Resolvía crucigramas en un punto entre San Cosme y San Damián y no encontraste la oportunidad. Después vino la cornada por cargar la suerte, por citar de frente, por preferir lidiar al natural. Y escuché los aplausos desde la Enfermería. Goteaba mi sangre, formando un charco en el suelo visible desde la galería.

Se rompió José Tomás aquella tarde pero logró resurgir de sus cenizas. Me rompí en aquel avión, ni siquiera sé por qué lloraba. Se rompieron cuatro años que encerraban esperanzas hasta entonces desconocidas. Se rompió la fascinación por enseñarle a una carcoma cómo se disfruta sin amor. Se rompió todo, me rompió por dentro. Tanto roto sobrevolándome en círculos desdibujados sin lograr aniquilar mi esperanza. Desde aquí la eternidad es un instante. Aplicable a lo pasado, difícilmente a lo futuro.

Siempre 'en torero'. No sé estar de otra manera. No puedo ser quien no soy.

2 comentarios:

  1. Es usted, sin duda, la única persona capaz de hacer que me gusten los toros.

    Ole, por quienes resurgen de entre las cenizas. Y por nosotras también,

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  2. Querida Mrs. O'Hara,

    Acostumbro a ser extremadamente respetuosa con quienes viven con fobia esta filia mía. Sus argumentos son, en la mayoría de las ocasiones, irrefutables.

    No obstante, siempre encontré en los toros un atisbo de esa verdad intangible que busco en la vida (denodadamente, ya sabe).

    José Tomás es un maestro genial e incomprendido. A veces luz, a veces sombra. Pero verdad siempre. Por eso, como usted y como yo misma, resurge de sus cenizas.

    Escuche de mi voz este ole, porque le aseguro que va por usted.

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